Virus informáticos: qué son, cómo funcionan y cómo protegerte

Última actualización: 14 de abril de 2026
Autor: Isaac
  • Un virus informático es un tipo de malware que se incrusta en archivos o programas, se autorreplica y se propaga para dañar sistemas o robar datos.
  • La mayoría de virus siguen un ciclo de infección con fases de latencia, propagación, activación y ejecución de una carga útil maliciosa.
  • Existen numerosos tipos de virus (residentes, de macro, polimórficos, de arranque, ransomware, gusanos, etc.), cada uno con técnicas y efectos específicos.
  • La combinación de buenas prácticas, software actualizado, copias de seguridad y un antivirus fiable es la forma más eficaz de prevenir y eliminar infecciones.

Ilustración sobre virus informáticos

Cuando se habla de virus informáticos, mucha gente piensa en una ventana emergente rara o en un ordenador que va más lento de lo normal. Pero la realidad es que, hoy en día, un simple archivo infectado puede abrir la puerta a robos de datos, pérdidas económicas y ataques a empresas enteras. Entender qué son, cómo trabajan y cómo se defienden de ellos los profesionales es clave para cualquiera que use un ordenador o un móvil… es decir, para casi todo el mundo.

En este artículo vas a ver qué es un virus informático, cómo funciona por dentro, de qué formas se propaga, los tipos más importantes que existen, ejemplos reales que hicieron historia y las mejores formas de protegerte y eliminarlos. Está pensado para que lo entiendas aunque no seas técnico, pero sin quedarnos en explicaciones superficiales: vamos a bajar un poco al barro, porque es justo ahí donde atacan los ciberdelincuentes.

Qué es un virus informático y en qué se diferencia del malware

Un virus informático es un programa o fragmento de código malicioso que se incrusta en archivos o aplicaciones legítimas, se autorreplica y se propaga a otros sistemas con algún propósito dañino: destruir datos, espiar, robar información o incluso tomar el control del dispositivo.

Aunque en el lenguaje cotidiano se use “virus” para todo, virus y malware no son exactamente lo mismo. Malware es el término genérico que engloba cualquier software malicioso (ransomware, troyanos, spyware, adware, gusanos, keyloggers, etc.). El virus es solo una de esas categorías. Lo que distingue a un virus clásico es su forma de propagarse: necesita “pegarse” a un archivo o programa y suele replicarse sin que el usuario haga nada consciente, más allá de abrir el archivo o ejecutar el programa infectado.

Estos programas suelen entrar en el sistema cuando el usuario hace clic en un enlace malicioso, abre un adjunto infectado, descarga software comprometido o conecta un dispositivo externo contaminado. Una vez dentro, el virus busca otros archivos, programas o incluso otros dispositivos en red para seguir copiándose, igual que un virus biológico se transmite de persona a persona.

Los efectos pueden ir desde simples molestias hasta fallos graves del sistema, pérdida total de información y robo de credenciales, tarjetas de crédito o datos sensibles. Y aunque durante años se repitió que los Mac o los móviles “no pillan virus”, la realidad actual es que cualquier dispositivo conectado a Internet (incluidos asistentes inteligentes y dispositivos IoT) puede convertirse en víctima si no está bien protegido.

Cómo funcionan los virus informáticos por dentro

Funcionamiento de un virus informático

Aunque hay muchos tipos y familias distintas, la mayoría de virus comparten un ciclo de vida bastante parecido. Para entender cómo se comportan, suele explicarse en cuatro fases, muy similares a las de una infección biológica.

En primer lugar está la fase durmiente o latente. El virus consigue colarse en el sistema, por ejemplo al abrir un archivo .exe, .docx o un adjunto de correo infectado. En ese momento ya está “dentro”, pero intenta pasar desapercibido, sin mostrar síntomas visibles, mientras se prepara para dar el siguiente paso.

Llega después la fase de propagación. Durante este periodo el virus se autorreplica, es decir, va copiando su código en otros archivos, programas o zonas del disco. Esas copias, a su vez, se seguirán clonando. Muchas veces esta expansión es silenciosa, el usuario no nota nada más allá de una ligera bajada de rendimiento o un aumento raro en el tamaño de ciertos archivos.

Más adelante se produce la fase de activación. Aquí entra en juego el “disparador” que el atacante haya programado: puede ser una acción del usuario (abrir una app concreta, clicar en un icono) o una condición automática (una fecha específica, cierto número de arranques del sistema, un rango horario, etc.). También existen las llamadas “bombas lógicas”, que se activan solo cuando se cumple un conjunto de reglas predefinidas.

Por último, el virus entra en la fase de ejecución, que es cuando libera su “carga útil” (payload). Ese fragmento de código es el encargado de llevar a cabo la parte dañina: borrar archivos, cifrar documentos para pedir un rescate, robar contraseñas, espiar pulsaciones de teclado, abrir puertas traseras o sumar el equipo a una botnet, por poner algunos ejemplos.

No todos los virus siguen estas fases exactamente igual, pero este esquema ayuda a entender el patrón típico: entrar sin ser visto, extenderse en silencio y, cuando toca, atacar. Cuanto más tarde se detecte, más grande suele ser el destrozo.

Cómo se propagan los virus informáticos

Propagación de virus informáticos

Un virus puede llegar a tu equipo por casi cualquier canal de intercambio de archivos o datos, siempre que logre esquivar (o desactivar) las defensas del antivirus o del sistema operativo. Estos son los vectores de infección más habituales hoy en día.

El primero y más clásico es el correo electrónico. Los ataques de phishing se apoyan en correos que incluyen adjuntos dañinos (documentos ofimáticos, ejecutables, archivos comprimidos) o enlaces que apuntan a descargas maliciosas. Incluso el propio HTML del cuerpo del mensaje puede contener código que aproveche fallos del cliente de correo.

También son muy comunes las descargas desde Internet: instaladores de programas, supuestas actualizaciones, juegos “gratis”, documentos compartidos en la nube, plugins o extensiones para el navegador… Los atacantes suelen camuflar el virus dentro de un archivo aparentemente legítimo para que sea el propio usuario quien lo ejecute sin sospechar.

Las apps de mensajería y redes sociales (WhatsApp, Telegram, Instagram, Facebook, etc.) se han convertido en otro canal ideal para los ciberdelincuentes. Mediante mensajes que simulan ser ofertas, sorteos o archivos compartidos entre amigos, logran que la víctima pulse en enlaces o abra adjuntos infectados.

Los dispositivos de almacenamiento externo, como USB, discos duros portátiles o tarjetas de memoria, siguen siendo peligrosos. Un pendrive infectado puede introducir un virus que se cargue nada más conectar o al explorar su contenido, y a partir de ahí propagarse al resto del sistema y a otros dispositivos donde se conecte después.

Otra vía frecuente son las vulnerabilidades del sistema operativo o de programas desactualizados. Si no instalas parches y actualizaciones, dejas abiertas puertas que los atacantes conocen muy bien. A través de esas brechas pueden inyectar código malicioso que luego actúa como virus, gusano o puerta trasera.

Por último, está el llamado malvertising o publicidad maliciosa. En este caso, el código nocivo se esconde en anuncios online o en las páginas a las que redirigen al hacer clic. El usuario ve un banner en un sitio aparentemente fiable y, sin saberlo, acaba ejecutando un script que descarga malware en su equipo.

Principales tipos de virus informáticos

Tipos de virus informáticos

Clasificar los virus es más complicado de lo que parece. Su comportamiento evoluciona, muchos combinan técnicas de varias categorías y constantemente surgen variantes nuevas. Aun así, hay grupos bastante reconocidos que ayudan a entender qué hace cada uno y qué daños puede provocar.

Virus que infectan archivos

Los llamados infectores de archivos se adhieren a archivos ejecutables, como .exe o .com, aunque también pueden afectar a otros tipos. Se activan cuando se abre o ejecuta ese archivo infectado y, a partir de ahí, intentan contaminar más ficheros o dispositivos conectados a la misma red.

Algunas variantes sobrescriben completamente el archivo, destruyendo la información original. Otras, más sigilosas, insertan su código sin alterar demasiado el contenido, de forma que el archivo parece normal, salvo porque ocupa más espacio o se comporta de manera extraña.

Virus de acción directa

Los virus de acción directa son de los más sencillos de programar y, por eso, muy frecuentes. Normalmente se incrustan en archivos .com o .exe y se activan de inmediato cuando el usuario los ejecuta o cuando el sistema busca archivos de ese tipo.

Su “ventaja”, desde el punto de vista del usuario, es que no suelen permanecer residentes en memoria una vez finalizada su tarea, de modo que en ocasiones son más fáciles de localizar y eliminar con un buen antivirus.

Virus residentes

Los virus residentes se cargan en la memoria principal del ordenador, normalmente en la RAM. Una vez instalados ahí, pueden infectar otros archivos o programas cada vez que se abren, incluso aunque se borre el archivo original que los trajo.

Este comportamiento hace que sean difíciles de detectar y erradicar, ya que pueden engancharse a nuevos procesos y seguir activos tras reinicios, aprovechando cada nueva ejecución de programas para extenderse.

Virus de sobreescritura

Los virus de sobreescritura se caracterizan por reemplazar el contenido de los archivos infectados por su propio código, pero manteniendo el nombre original. El resultado es que el archivo deja de ser útil y la información se pierde de forma irrecuperable.

La única forma realista de “limpiar” un archivo afectado por este tipo de virus es eliminarlo por completo, lo que conlleva evidentemente la pérdida del contenido. Son fáciles de identificar, pero el daño que causan suele ser considerable.

Virus del sector de arranque (boot sector)

Los virus del sector de arranque atacan la zona del disco encargada de iniciar el sistema operativo (MBR o sector de arranque). Cuando el ordenador enciende, el código malicioso se ejecuta antes incluso de que cargue el sistema, lo que le da mucho poder.

Estos virus se han propagado históricamente mediante disquetes, CDs o unidades USB, aunque hoy son menos comunes por el menor uso de estos medios. Para eliminarlos muchas veces es necesario formatear la unidad completa, ya que comprometen la estructura básica de arranque.

Virus de macro

Los virus de macro aprovechan las capacidades de automatización de programas como Microsoft Word, Excel o PowerPoint. Se incrustan en macros de documentos (archivos .doc, .docx, .xls, etc.) y se ejecutan cuando se abre el documento y se habilitan las macros.

Una vez activos pueden propagarse a otros documentos, modificar datos, robar información o incluso descargar malware adicional. El usuario suele ser engañado mediante mensajes que le piden activar macros para “ver correctamente el contenido”.

Virus de script o de secuencias de comandos web

Los virus de secuencias de comandos web se escriben en lenguajes como JavaScript o VBScript y se incrustan en páginas web, correos o anuncios. Su objetivo es aprovechar vulnerabilidades del navegador o de aplicaciones web.

Al visitar una página comprometida, el script puede ejecutar acciones maliciosas de forma automática: robar cookies y datos de sesión, redirigir a sitios falsos, descargar otros malware o explotar fallos del navegador para tomar más control sobre el equipo.

Virus polimórficos y sigilosos

Los virus polimórficos son especialmente escurridizos porque cambian su código cada vez que se replican, generando versiones ligeramente distintas de sí mismos. Su función es la misma, pero su “huella” binaria varía, dificultando los métodos clásicos de detección basados en firmas.

Junto a ellos están los virus sigilosos, que se centran en ocultarse interceptando las lecturas de archivos o discos. Devuelven al antivirus copias aparentemente limpias, restauran marcas de tiempo o manipulan resultados para que el escáner no detecte nada raro.

Virus multipartitos y de enlace

Los virus multipartitos combinan estrategias: pueden infectar tanto archivos ejecutables como el sector de arranque, lo que los hace muy persistentes. Aunque se elimine una parte de la infección, otra puede seguir activa y volver a propagarse.

Por su parte, los virus de enlace alteran los enlaces o accesos directos a archivos. Cuando el usuario hace clic en el acceso directo que crea legítimo, en realidad está lanzando el virus, que puede ejecutar su carga útil y seguir corrompiendo otros enlaces y ficheros.

Virus de sistema de archivos, FAT y controladores

Algunos virus atacan directamente la estructura del sistema de archivos (por ejemplo FAT en sistemas antiguos), corrompiendo las tablas que indican dónde se almacenan los datos. Esto puede provocar pérdida masiva de información o dejar unidades enteras inaccesibles.

Otros se centran en los controladores de hardware (drivers), que son el software que permite al sistema operativo comunicarse con los componentes físicos. Si un virus daña estos controladores, el resultado pueden ser fallos de dispositivos, pantallazos, bloqueos y una inestabilidad general del sistema.

Virus de cifrado (ransomware)

Los virus de cifrado, más conocidos como ransomware, se han convertido en una de las amenazas más temidas. Lo que hacen es cifrar los archivos del sistema con claves que solo el atacante conoce y, a cambio de recuperarlos, exigen un rescate (generalmente en criptomonedas como Bitcoin o Ethereum).

Se propagan mediante correos, descargas maliciosas, vulnerabilidades o incluso a través de la red interna. Una vez terminan de cifrar, el usuario solo ve mensajes exigiendo el pago, mientras sus documentos, fotos o bases de datos quedan inaccesibles.

Virus de red o gusanos

Los gusanos o virus de red son programas capaces de propagarse por sí mismos a través de redes informáticas, sin necesidad de engancharse a un archivo host. Aprovechan fallos de seguridad en sistemas operativos o servicios expuestos.

Al extenderse, pueden sobrecargar redes, robar datos o instalar más malware (troyanos, ransomware, backdoors). A menudo se usan para crear botnets, es decir, redes de equipos zombis controlados remotamente para lanzar ataques masivos o campañas de spam.

Ejemplos famosos de virus informáticos

Ejemplos de virus informáticos

La historia de la ciberseguridad está llena de casos reales que demostraron el poder destructivo de los virus. Algunos se hicieron mundialmente conocidos por el alcance que lograron.

Uno de los primeros fue el Gusano Morris, detectado a finales de 1988. Infectó miles de servidores en Internet cuando esta red apenas estaba empezando a popularizarse, y puso sobre la mesa la necesidad urgente de medidas de seguridad más serias.

En el año 2000 apareció ILOVEYOU, un gusano que llegaba por correo con ese asunto tan inocente. El adjunto parecía una carta de amor, pero al abrirlo se propagaba a todos los contactos de la víctima y sobrescribía archivos. En pocas horas infectó decenas de millones de equipos en todo el mundo, causando pérdidas multimillonarias.

Un año antes, en 1999, el virus de macro Melissa también utilizó documentos de Word y el correo electrónico para extenderse. Al abrir el documento y habilitar las macros, el virus se reenviaba automáticamente a los primeros contactos de la libreta de direcciones, saturando servidores de correo y provocando un gran caos.

El gusano Conficker (2008) explotó vulnerabilidades de Windows y consiguió formar una de las redes de bots más grandes jamás vistas, infectando millones de equipos. Podía recibir actualizaciones y comandos remotos, lo que lo convertía en una amenaza muy flexible y persistente.

En 2001, Code Red atacó servidores web que utilizaban Microsoft IIS. Una vez infectado el servidor, modificaba la página principal para mostrar un mensaje concreto y participaba en ataques de denegación de servicio (DDoS) contra objetivos elegidos por los atacantes.

En 2010 saltó a la luz Stuxnet, considerado uno de los malware más sofisticados de la historia. Diseñado para atacar infraestructuras industriales mediante la infección de sistemas a través de USB y redes internas, llegó a manipular equipos físicos en plantas nucleares, demostrando que los virus ya no se quedaban solo en el mundo digital.

Más recientemente, en 2017, WannaCry aprovechó una vulnerabilidad en Windows que muchos equipos no habían parcheado. Cifró archivos en cientos de miles de ordenadores y exigía un rescate en bitcoins para su desbloqueo, afectando a hospitales, empresas y organismos públicos en numerosos países.

Ya en estos últimos años han surgido amenazas como PromptLock, un ransomware experimental que utiliza modelos de inteligencia artificial locales para generar scripts maliciosos, o DarkGate, una plataforma de malware como servicio que ofrece a ciberdelincuentes herramientas de control remoto, keylogging, criptominería y más. También destacan infostealers como TeleGrab o SnakeKeylogger, centrados en robar credenciales y datos confidenciales.

Cómo saber si tu equipo puede estar infectado

Aunque algunos virus intentan ocultarse al máximo, en muchos casos dejan señales bastante claras de que algo raro está pasando. Conviene prestar atención a estos síntomas, sobre todo si aparecen de repente.

Uno de los indicios más típicos es que el sistema empiece a ir muy lento, se bloquee a menudo o muestre errores frecuentes. El malware puede consumir recursos en segundo plano, dañar archivos esenciales o interferir con procesos del sistema operativo.

También es sospechoso encontrar archivos dañados, duplicados, con nombres extraños o que han cambiado de tamaño sin motivo. Algunos virus eliminan, modifican o sobrescriben ficheros a medida que se propagan.

Las ventanas emergentes excesivas, anuncios invasivos o cambios repentinos en el navegador (página de inicio distinta, nuevo motor de búsqueda, barras de herramientas que no recuerdas haber instalado) suelen apuntar a adware o a secuestradores de navegador.

Otro síntoma preocupante es que tus contactos empiecen a recibir correos o mensajes raros enviados desde tus cuentas. Si tú no los has mandado, es muy posible que un malware esté utilizando tus perfiles para seguir extendiéndose.

La aparición de programas desconocidos, herramientas que no recuerdas haber instalado o cambios inexplicables en la configuración (antivirus desactivado, opciones de seguridad modificadas, etc.) son también una bandera roja clara.

Por último, fíjate en picos de actividad de red, sobrecalentamiento del equipo o ventiladores disparados incluso con un uso ligero. Muchos virus se comunican constantemente con servidores remotos o realizan tareas intensivas sin que el usuario lo sepa.

Cómo protegerte de los virus informáticos

La mejor defensa frente a los virus, igual que con las enfermedades, es la prevención. No se trata de vivir con miedo a hacer clic, pero sí de adoptar unas rutinas mínimas de higiene digital que marcan la diferencia.

Lo primero es aplicar un escepticismo sano: desconfía de ofertas demasiado buenas, correos inesperados, adjuntos que no esperabas o mensajes que te urgen a actuar deprisa. Antes de abrir nada, piensa si esa persona o empresa realmente tendría motivos para enviarte ese archivo o enlace.

En segundo lugar, es clave mantener todo el software actualizado: sistema operativo, navegador, aplicaciones y, por supuesto, el propio antivirus. Muchas infecciones se aprovechan de fallos que ya están solucionados en versiones nuevas, pero que siguen activos en equipos desactualizados.

También ayuda limitarte a descargar aplicaciones y archivos de fuentes oficiales y fiables. Evita el software pirateado, las webs de descargas sospechosas o los repositorios sin reputación. En móviles, ciñete a tiendas como Google Play o App Store y revisa opiniones y desarrollador.

Respecto a la navegación, puedes usar navegadores seguros y extensiones de seguridad que bloqueen páginas maliciosas, ventanas emergentes intrusivas y descargas peligrosas. Y ante un anuncio que parece interesante, es más seguro entrar directamente en la web oficial de la marca escribiendo la dirección, en vez de clicar en el banner.

Otra capa de protección útil es una VPN de confianza, que cifra el tráfico, oculta la IP y suele incluir filtros contra webs de phishing y dominios maliciosos. No elimina virus por sí misma, pero dificulta algunos vectores de ataque.

Por último, resulta imprescindible contar con un buen software de ciberseguridad que ofrezca análisis en tiempo real, escaneos bajo demanda y protección frente a distintos tipos de malware. Estos programas supervisan continuamente lo que ocurre en tu dispositivo y bloquean amenazas conocidas antes de que hagan daño.

Más allá de las herramientas, es muy recomendable realizar copias de seguridad periódicas de los archivos importantes, ya sea en discos externos o en la nube. Así, si un virus destruye o cifra tus datos, al menos tendrás una forma de recuperarlos sin depender del atacante.

Cómo eliminar un virus informático paso a paso

Si sospechas que tu equipo está infectado, lo más importante es actuar rápido para eliminar un virus y con cierto orden. Muchos virus se pueden eliminar siguiendo unos cuantos pasos básicos, sin necesidad de ser un experto.

En primer lugar, conviene desconectar el dispositivo de Internet (cable y Wi‑Fi). Así evitas que el virus siga propagándose por la red o enviando datos a servidores externos.

Después, puedes eliminar archivos temporales del sistema. A veces la propia amenaza se esconde en esas carpetas, y limpiarlas reduce superficie de ataque y acelera el análisis posterior.

El siguiente paso es reiniciar el equipo en modo seguro, de forma que arranque con lo mínimo imprescindible y se impida que muchos malware se carguen automáticamente. Cada sistema operativo tiene su propia forma de acceder a este modo.

A continuación, asegúrate de instalar o actualizar el antivirus para que cuente con las últimas firmas y técnicas de detección. Después, lanza un análisis completo del sistema y sigue las instrucciones para poner en cuarentena, reparar o eliminar los archivos infectados que vaya encontrando.

Una vez finalizado el proceso, puedes reiniciar normalmente y comprobar si han desaparecido los síntomas. Es buena idea, además, actualizar el sistema operativo, navegador y programas críticos para tapar las vulnerabilidades que pudieron facilitar la infección inicial.

Si pese a todo sigues notando comportamientos raros o el antivirus insiste en detectar amenazas que reaparecen, puede que te enfrentes a un virus especialmente resistente. En esos casos, lo más prudente es pedir ayuda a un profesional de confianza e incluso plantearse un formateo completo, siempre teniendo copias de seguridad previas.

A día de hoy convivimos con los virus informáticos casi sin darnos cuenta, pero conocer qué son, cómo se propagan, qué tipos existen y cómo se detectan y eliminan te pone en una posición mucho más ventajosa frente a los ciberdelincuentes. Con un poco de sentido común, buenos hábitos digitales, copias de seguridad y un software de seguridad decente, es perfectamente posible navegar y trabajar en la red manteniendo a raya la mayoría de estas amenazas.

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