Un iPhone 17 Pro Max viajará al futuro sellado en una cápsula del tiempo para el año 2276

Última actualización: 8 de julio de 2026
Autor: Isaac
  • Se ha enterrado un iPhone 17 Pro Max en Filadelfia como parte del 250 aniversario de EE. UU.
  • El dispositivo incluye contenido digital en la app Notas y no se abrirá hasta el año 2276.
  • La degradación de la batería y la evolución de los puertos de carga plantean dudas sobre si podrá encenderse.
  • La cápsula contiene otros objetos icónicos como una botella de Coca-Cola y tela del avión de los hermanos Wright.

iPhone 17 Pro Max en una cápsula del tiempo

¿Te imaginas que un objeto que usas a diario se convierta en una reliquia arqueológica para tus tataranietos? Esto es lo que ha pasado recientemente en tierras estadounidenses, donde un dispositivo de última generación ha sido confinado al silencio de la tierra con un objetivo muy curioso: ser testigo de nuestra era y mostrar a los humanos del mañana cómo nos comunicábamos.

El evento forma parte de los festejos por los dos siglos y medio de vida de los Estados Unidos. Se ha depositado una estructura blindada bajo el suelo de Filadelfia, un lugar con mucha carga histórica, para que no vea la luz hasta que el calendario marque un año que a nosotros nos suena totalmente a ciencia ficción, permitiendo que el legado tecnológico de California quede preservado.

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Un smartphone de color naranja para la posteridad

Cápsula del tiempo con tecnología Apple

El gran protagonista de este entierro tecnológico es un iPhone 17 Pro Max en acabado naranja cósmico, un modelo que ha sido seleccionado por ser el máximo exponente de la computación de bolsillo en este 2026. Este teléfono no ha sido elegido al azar, sino que representa la contribución del estado de California a un proyecto nacional que busca resumir la cultura y los logros de nuestra década en un solo lugar.

La cápsula que protege este terminal es un cilindro de acero inoxidable de 408 kilos que ha sido diseñado específicamente para no fracturarse con el paso de los siglos. Enterrada a tres metros de profundidad en el Independence National Historical Park, la caja mantendrá una humedad constante del 35% para evitar que los materiales se deterioren, asegurando que el chasis de titanio y el cristal del móvil se mantengan intactos hasta el año 2276.

Mensajes digitales guardados en la aplicación Notas

Detalle del iPhone 17 Pro Max enterrado

Lo más interesante es que el teléfono no va vacío. Los responsables han incluido una serie de artefactos digitales y textos históricos dentro de la aplicación Notas. Se ha elegido esta herramienta porque es nativa y puede funcionar perfectamente sin necesidad de conectarse a internet, lo que facilitaría que alguien en el futuro pueda cotillear su contenido sin depender de nubes o servidores que probablemente ya no existan.

Entre los archivos guardados, destaca un texto que homenajea la visión de Steve Jobs y recuerda hitos como el uso de un iPhone por parte de los astronautas de la misión Artemis II para fotografiar la Tierra y la Luna. La idea es que, si alguien logra encender la pantalla, encuentre una guía sobre nuestra forma de vida, nuestras empresas y la importancia que le dábamos a la conectividad personal en pleno siglo XXI.

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El gran reto técnico: ¿Podrán encenderlo en el siglo XXIII?

A pesar de todo el despliegue, hay una pregunta que ronda la cabeza de los expertos: ¿seguirá funcionando ese aparato dentro de 250 años? El principal escollo es la batería de iones de litio, un componente que sufre una degradación química natural incluso cuando no se usa. Lo más normal es que, tras dos siglos y medio bajo tierra, la batería se haya convertido en un elemento inerte incapaz de retener ni una pizca de energía.

Incluso si los ingenieros del futuro lograran reparar el hardware, se enfrentarían al problema de la alimentación. Es muy probable que el estándar de carga USB-C sea para ellos algo tan prehistórico como para nosotros lo es una mecha de aceite. Además, los sistemas de seguridad y la activación obligatoria a través de los servidores de Apple podrían convertir al flamante dispositivo en un carísimo ladrillo de cristal y metal si no hay forma de saltarse esos protocolos de software.

Un cofre lleno de historia y curiosidades

El iPhone no está solo en su viaje temporal, ya que comparte espacio con objetos de los 50 estados. En el interior de la cápsula se han guardado desde una botella de Coca-Cola clásica hasta un fragmento de tela perteneciente al avión de los hermanos Wright de 1903. También hay sitio para el deporte, con un pin que conmemora el campeonato de la NBA de los Oklahoma City Thunder, y un diamante donado por Arkansas, configurando un retrato bastante variopinto de lo que valoramos hoy en día.

Como toque moderno, se ha incluido una respuesta redactada por una inteligencia artificial llamada Claude, donde se aventura a imaginar cómo será el mundo cuando se abra la cápsula. Es fascinante pensar que, hace 250 años, la gente se comunicaba por cartas que tardaban semanas en llegar a caballo, y ahora enviamos al futuro un ordenador capaz de procesar millones de operaciones por segundo, confiando en que alguien sepa qué hacer con él.

Para cuando llegue el momento de desenterrar este paquete en el quinto centenario del país, lo más probable es que el iPhone sea visto como un fósil de una civilización que empezaba a fusionarse con la tecnología. Aunque la pantalla nunca vuelva a iluminarse y el puerto de carga parezca un agujero sin sentido, el dispositivo cumplirá su misión de ser un símbolo de nuestra era, recordándoles a los habitantes del 2276 que una vez estuvimos aquí obsesionados con capturar recuerdos en un pequeño rectángulo de cristal.