- La vulnerabilidad usbliter8 afecta a los procesadores A12 y A13 de Apple, presentes en modelos como el iPhone 11 y el iPhone XS.
- Al tratarse de un error en el código de arranque o SecureROM, el fallo está grabado en el hardware y no puede corregirse con actualizaciones de iOS.
- Para explotar el agujero de seguridad es necesario tener acceso físico al terminal y conectarlo a un hardware específico como una Raspberry Pi.
- Los expertos europeos recomiendan renovar el dispositivo si se maneja información extremadamente sensible, ya que no existe parche posible.
A nadie le hace gracia enterarse de que el móvil que lleva en el bolsillo tiene una puerta abierta para los amigos de lo ajeno, y menos si te dicen que no hay forma de cerrarla. Resulta que un grupo de investigadores europeos de la firma Paradigm Shift ha dado con una vulnerabilidad bastante seria que afecta a varios modelos de iPhone, iPad y Apple Watch. Lo que diferencia este caso de las típicas actualizaciones que nos saltan cada dos por tres es que, en esta ocasión, el fallo reside en el propio corazón del dispositivo, es decir, en su hardware, lo que deja a los ingenieros de la manzana con las manos atadas para sacar un parche que lo arregle.
Lo cierto es que el problema ha caído como un jarro de agua fría porque afecta a terminales que todavía funcionan a las mil maravillas y que mucha gente usa a diario en España. El nombre técnico que le han puesto a la criatura es usbliter8 y, por lo visto, aprovecha un error de diseño en cómo los chips gestionan la memoria durante el arranque. Al ser un defecto que viene de fábrica impreso en el silicio, no hay actualización de software que valga para borrarlo del mapa, obligando a los usuarios más preocupados por su privacidad a usar el iPhone con seguridad y privacidad al plantearse si va siendo hora de jubilar su teléfono antes de lo previsto.
¿Qué es usbliter8 y por qué tiene en vilo a los expertos?
Este nuevo exploit ha sido comparado rápidamente con el famoso checkm8 de hace unos años, ya que ambos atacan la SecureROM o BootROM. Se trata de la primera porción de código que lee el teléfono nada más encenderse, antes incluso de que aparezca el logo de la manzana. Los analistas han confirmado que esta vulnerabilidad permite tomar el control del proceso de arranque del terminal, lo que se traduce en que un atacante podría ejecutar código que no ha sido autorizado por la compañía. Al estar en una capa tan profunda del sistema, las defensas habituales de iOS se quedan un poco en fuera de juego ante una intrusión de este calibre.
La investigación apunta directamente a un fallo en el controlador USB integrado en los procesadores A12 y A13. Al parecer, este componente no limpia como debería las direcciones de memoria cuando se pasan datos de un lado a otro, dejando una rendija por la que se puede colar software malicioso. Esta debilidad es especialmente crítica porque afecta directamente a la raíz de confianza del dispositivo, permitiendo potencialmente saltarse las novedades de seguridad en el iPhone que Apple tanto se esfuerza en promocionar como inexpugnables.

Un problema de fabricación que no admite parches
La gran papeleta para Apple es que este código no se puede sobrescribir. Es como si hubieran grabado una falta de ortografía en una piedra: por mucho que quieras corregirla, la piedra ya está picada. Por eso, aunque mañana mismo sacaran una versión de iOS que intentara tapar el hueco, el fallo seguiría presente en el chip y podría ser explotado de nuevo. Esto rompe con la tranquilidad que muchos usuarios de modelos como el iPhone 11 tenían, ya que es un terminal que a día de hoy sigue recibiendo soporte oficial y se vende de segunda mano con mucha facilidad en el mercado europeo.
Desde Paradigm Shift han dejado claro que la colaboración con los de Cupertino ha sido constante, pero la realidad técnica es la que es. Al tratarse de un defecto físico, la única manera de estar totalmente a salvo es cambiar el hardware afectado. Esto no significa que tu móvil vaya a explotar mañana, pero sí que existe una vulnerabilidad permanente que acompañará al dispositivo hasta que termine en un punto de reciclaje. Es una situación poco común que pone de manifiesto que, a veces, hasta la tecnología más puntera tiene pies de barro.
Listado de dispositivos afectados
La lista de equipos que están en el punto de mira es bastante extensa y abarca varias generaciones de productos que fueron auténticos superventas. En el caso de los teléfonos, la vulnerabilidad afecta a la familia iPhone 11 en todas sus variantes (Pro y Pro Max), así como a los modelos iPhone XS y XR, el popular iPhone XR. Tampoco se libra el iPhone SE de segunda generación, lo que supone un volumen de terminales circulando por España realmente alto, dado que son modelos muy resistentes al paso del tiempo.
En cuanto al resto del ecosistema, hay varias tabletas y relojes que también comparten estos chips y, por tanto, el mismo riesgo. Entre ellos se encuentran:
- iPad de octava y novena generación.
- iPad Air de tercera generación y iPad Mini de quinta generación.
- iPad Pro de 11 pulgadas (1ª y 2ª gen) y de 12.9 pulgadas (3ª y 4ª gen).
- Apple Watch Series 4, Series 5 y el SE de primera generación.
Incluso algunos dispositivos para el hogar como el HomePod mini llevan este componente en sus entrañas, lo que demuestra que el alcance del fallo es masivo dentro del catálogo de productos que la empresa ha lanzado en el último lustro.
¿Cómo se ejecuta el ataque y qué riesgos reales hay?
Para que no cunda el pánico de forma innecesaria, hay que recalcar un detalle fundamental: nadie te puede hackear el móvil mediante usbliter8 mientras estás tranquilamente tomando un café o navegando por internet. Para aprovechar este agujero es obligatorio tener acceso físico al dispositivo. El atacante necesita conectar el terminal a un equipo externo, como una Raspberry Pi debidamente configurada, para enviarle los comandos necesarios a través del puerto de carga. Esto reduce mucho el riesgo para el ciudadano de a pie, pero es un peligro real en caso de robo o si el teléfono acaba en manos de alguien con conocimientos técnicos avanzados.
A través de este método, se podría llegar a comprometer el Secure Enclave, que es donde se guardan bajo llave nuestras contraseñas y datos biométricos. Si alguien consigue saltarse esa barrera, podría extraer información personal sensible o instalar programas espía que funcionen a un nivel tan bajo que el usuario no notaría absolutamente nada extraño. Aun así, la complejidad del ataque hace que sea más una herramienta para expertos en ciberseguridad forense o espionaje dirigido que una amenaza masiva para el usuario medio que solo usa el móvil para el WhatsApp y las redes sociales.
El descubrimiento de usbliter8 nos recuerda que la seguridad absoluta en el mundo digital es poco más que un mito y que el hardware también tiene fecha de caducidad. Aunque Apple no pueda lanzar una solución mágica a través de una descarga, seguir manteniendo el dispositivo actualizado ayuda a protegernos de otras muchas amenazas que sí son remotas. Al final, lo más sensato para quienes posean uno de los modelos afectados es extremar la precaución con el acceso físico a sus terminales y, si el trabajo o la situación personal requiere un nivel de protección extremo, ir pensando en dar el salto a una generación de chips más moderna que ya venga con la lección aprendida de fábrica.
