Tasa de adopción de iOS 26: datos reales, polémicas y motivos para actualizar o no

Última actualización: 16 de febrero de 2026
Autor: Isaac
  • Apple sitúa la adopción de iOS 26 en torno al 74 % en iPhone recientes y al 66 % en el parque total.
  • Los datos de StatCounter infravaloran iOS 26 por cómo Safari se identifica, mientras que otras fuentes y Apple muestran una adopción mucho mayor.
  • Liquid Glass, el rendimiento, la batería y la compatibilidad explican la ligera caída frente a iOS 18.
  • Apple empuja a iOS 26 limitando parches en iOS 18, pero sigue lanzando actualizaciones de seguridad para los modelos que no pueden actualizar.

Gráfico tasa de adopción de iOS 26

La tasa de adopción de iOS 26 se ha convertido en uno de los temas más comentados del ecosistema Apple. Entre cifras oficiales, estudios de analíticas web y opiniones de usuarios muy críticos, se ha montado un pequeño culebrón alrededor de si esta versión está triunfando o, por el contrario, se le está atragantando a buena parte de los propietarios de un iPhone.

A lo largo de este artículo vamos a desgranar todos los datos y polémicas que rodean a iOS 26: desde los porcentajes de instalación que Apple ha hecho públicos, hasta las estadísticas contradictorias de plataformas como StatCounter y TelemetryDeck, pasando por encuestas a usuarios, motivos de quienes deciden no actualizar, el papel del rediseño Liquid Glass, el impacto en rendimiento y batería y la situación de iOS 18, que todavía conserva una parte nada desdeñable del parque de dispositivos.

Datos oficiales de Apple: cómo va realmente la adopción de iOS 26

Apple ha publicado ya sus primeras cifras oficiales de uso de iOS 26 a través de las estadísticas que recopila en la App Store. Estas métricas, que suelen actualizarse un par de veces al año, ofrecen una foto bastante fiable de qué versión de iOS ejecutan los iPhone activos que se conectan a la tienda.

Según esos datos, el 74 % de los iPhone lanzados en los últimos cuatro años ya se ha pasado a iOS 26. Si miramos el parque total, incluyendo modelos más antiguos que siguen en circulación, la adopción se queda en torno al 66 % de los dispositivos globales. Es decir, dos de cada tres iPhone activos ya están en la última gran versión del sistema.

En perspectiva histórica, la cosa cambia ligeramente: iOS 26 va algo por detrás de iOS 18. En el mismo periodo de vida, Apple presumía de que iOS 18 alcanzaba aproximadamente un 76 % en dispositivos recientes y un 68 % a nivel global. Traducido: iOS 26 está unos dos puntos por debajo, a pesar de haberse medido con algo más de margen temporal (alrededor de 150 días desde el lanzamiento, frente a los 127 días que se usaron de referencia con iOS 18).

Buena parte de la diferencia se explica porque iOS 18 todavía concentra un volumen importante de usuarios. En los iPhone más modernos (los de los últimos cuatro años), alrededor del 20 % sigue en iOS 18, mientras que en el parque total esa cuota sube hasta aproximadamente el 24 %. El 10 % restante se reparte entre versiones incluso más antiguas, donde entran en juego tanto dispositivos sin soporte para iOS 26 como usuarios que directamente han decidido no moverse de donde están.

En el segmento de las tablets, las cifras son algo distintas pero también relevantes: iPadOS 26 se sitúa en un 66 % de adopción en modelos recientes y aproximadamente un 57 % si se tiene en cuenta el total de iPad activos. Esto supone una ligera mejora respecto a lo que consiguió iPadOS 18 en un periodo similar, que se movía en torno a un 63 % en dispositivos nuevos y un 53 % global, lo que sugiere que en el terreno del iPad la transición está siendo más suave y constante que en el iPhone.

Evolución adopción iOS 26

La supuesta crisis de adopción y el lío de las estadísticas

Durante las últimas semanas han circulado informes alarmistas que hablaban de una adopción ridículamente baja de iOS 26. Uno de los más llamativos fue un reporte que interpretaba los datos de StatCounter y que afirmaba que apenas un 15-16 % de los iPhone activos en el mundo estaban ejecutando alguna versión de iOS 26, una cifra que chocaba frontalmente con el comportamiento habitual de los ciclos de actualización de Apple.

De acuerdo con StatCounter, en enero de 2026 la foto quedaba más o menos así: iOS 26.1 rondaría el 10,5 % de los dispositivos, iOS 26.2 se movería sobre el 4,6-4,8 % y la versión inicial iOS 26.0 apenas aportaría alrededor del 1,1 %. El resto estaría fundamentalmente en iOS 18, que superaría cómodamente el 60 % del parque, con iOS 18.7 e iOS 18.6 como versiones dominantes.

Si uno compara estas cifras con series históricas de la propia StatCounter, la curva resulta extraña. En enero de 2025, unos cuatro meses después del lanzamiento de iOS 18, los datos indicaban que ya rondaba el 63 % de adopción. Un año antes, iOS 17 andaba por el 54 % en un periodo similar, e iOS 16 ya superaba el 60 % en enero de 2023. En otras palabras, según esta metodología iOS 26 parece haberse estrellado donde sus predecesores volaban alto.

Sin embargo, no tardó en descubrirse que había trampa en la lectura literal de esos números. Tal y como explicó John Gruber, Safari en iOS 26 empezó a identificarse como si fuera iOS 18.7 con el objetivo de reducir el fingerprinting del navegador y mejorar la privacidad. Como StatCounter se basa en el análisis del tráfico de navegadores, esto provocó que gran parte de los iPhone con iOS 26 fuesen contados erróneamente como iOS 18, inflando artificialmente la cuota de la versión anterior y hundiendo la de la nueva.

Otros proveedores de analíticas, como TelemetryDeck, ofrecen una visión muy distinta. A partir del uso real de apps y sin depender tanto de la cadena de identificación de Safari, TelemetryDeck estima que aproximadamente un 60 % de los usuarios activos de iPhone ya tiene iOS 26 instalado, unas cifras que encajan mucho mejor con lo que Apple suele lograr pocos meses después de lanzar una gran actualización.

Incluso algunos medios especializados han tirado de sus propias estadísticas para contrastar la situación. En el caso de iPadizate, por ejemplo, el 54 % de las visitas móviles en diciembre procedía de iPhone con iOS 26 frente al 46 % de iOS 18, y desde enero las sesiones desde iOS 26 ya se sitúan en torno al 70 %. Son porcentajes mucho más cercanos a los de TelemetryDeck y a los datos oficiales de Cupertino que a la fotografía de StatCounter, que conviene coger con pinzas.

Por qué iOS 26 va un poco más despacio que iOS 18

Aunque los datos dramáticos que situaban iOS 26 en un 15-16 % de uso no se sostienen, sí se aprecia una pequeña caída de la velocidad de adopción respecto a lo que Apple consiguió con iOS 18. Esos dos puntos porcentuales de diferencia no son una catástrofe, pero tampoco algo irrelevante para una compañía que siempre ha presumido de que la inmensa mayoría de su base instalada migra rápidamente a la última versión.

Uno de los factores que parece haber pesado más es el rediseño estético Liquid Glass, el mayor cambio visual que ha experimentado iOS en años. En los foros y redes sociales se han multiplicado los comentarios negativos de usuarios que no terminan de ver claro el nuevo lenguaje de diseño, especialmente en modelos más antiguos donde los efectos de transparencias y reflejos pueden resultar más exagerados o directamente menos atractivos.

Hay testimonios muy contundentes al respecto. Un usuario con un iPhone 11, por ejemplo, afirmaba tajante que iOS 26 era la peor actualización que había instalado nunca desde que usa iPhone (desde los tiempos de iOS 3). En una encuesta sencilla del estilo “¿Debería actualizar mi iPhone 11 de iOS 16 a iOS 26?”, el resultado era demoledor: 11 votos a favor frente a 101 en contra, una muestra pequeña pero muy representativa del malestar de ciertos perfiles de usuario conservadores.

En paralelo, ha influido también el hecho de que algunos iPhone muy populares se hayan quedado anclados definitivamente en iOS 18. Modelos como el iPhone XS, XS Max o el iPhone XR, que siguen siendo perfectamente funcionales para el día a día, no son compatibles con iOS 26. Eso reduce de forma orgánica el porcentaje máximo que la nueva versión puede alcanzar, porque todo ese parque queda fuera de la ecuación.

Otro elemento de fricción ha sido la gestión de determinadas funciones de Siri y de las nuevas capacidades de inteligencia artificial que Apple ha anunciado a bombo y platillo. Varias de esas novedades se han retrasado a futuras versiones de iOS 26 (como iOS 26.5 y posteriores), y parte de los usuarios ha preferido esperar a que el conjunto esté más maduro antes de lanzarse a actualizar.

Comparativa iOS 18 vs iOS 26

Liquid Glass: encanto visual para unos, dolor de cabeza para otros

Si hay un cambio de iOS 26 que ha polarizado a los usuarios, ese es sin duda Liquid Glass, el nuevo lenguaje visual de Apple. Fondos difuminados, transparencias agresivas, reflejos y capas que intentan dar sensación de profundidad han transformado la estética del sistema, pero no todos están encantados con el resultado.

Un estudio realizado por SellCell, basado en una encuesta a unos 2.000 usuarios de iPhone, intenta arrojar algo de luz sobre los motivos por los que una parte del público no ha actualizado todavía a iOS 26. Aunque la muestra no es gigantesca y hay que cogerla con cierta cautela, sí aporta pistas interesantes: aproximadamente un 22 % de los encuestados decía seguir en una versión anterior pese a tener un iPhone compatible.

Entre las razones más repetidas destaca el rechazo frontal a Liquid Glass. Hay usuarios que temen que la abundancia de transparencias y fondos borrosos dificulte la lectura de textos, notificaciones y botones. Otros se quejan de que no se pueda desactivar por completo el nuevo estilo, lo que genera una sensación de que Apple “impone” una estética sin dar opción real a mantener algo parecido a lo que había en iOS 18.

Apple, consciente del ruido generado, ha ido introduciendo ajustes para suavizar el impacto de Liquid Glass en las actualizaciones menores de iOS 26. En la versión 26.0 ya se corrigió uno de los problemas más evidentes: la legibilidad de las notificaciones. Para ello se añadió una capa translúcida oscura que hace que el texto destaque mejor sobre el fondo, evitando el efecto de “letra flotando en un cristal borroso”.

Con iOS 26.1 llegó otra opción importante: cambiar el diseño completamente transparente por uno más bien traslúcido, que se asemeja algo más al estilo de iOS 18, aunque sin ser idéntico. Esa alternativa reduce el dramatismo del Liquid Glass original y permite distinguir mejor los elementos interactivos en pantalla.

La versión 26.2 dio un paso más al incorporar un selector de intensidad de las transparencias, de manera que el usuario puede decidir cuánto quiere atenuar el efecto para que, por ejemplo, la hora en la pantalla de bloqueo se vea sin esfuerzo. Y en los ajustes de accesibilidad se añadió un parámetro adicional para “suavizar” todavía más las transparencias en todo el sistema.

En resumen: aunque Liquid Glass sigue siendo el sello visual de iOS 26 y no hay forma de desactivarlo al 100 %, existen ya varias herramientas para que resulte menos invasivo y no comprometa la legibilidad. Aun así, para parte de la comunidad el daño de imagen ya está hecho y la percepción de que “el diseño nuevo es un lío” pesa en la decisión de actualizar.

Rendimiento, batería y estabilidad: los clásicos de cada actualización

Más allá de la estética, las quejas sobre rendimiento y autonomía acompañan prácticamente a cada gran versión de iOS desde hace una década, y iOS 26 no es la excepción. No faltan usuarios que aseguran que su iPhone va más lento, se calienta más o aguanta menos horas de pantalla desde que instalaron la nueva versión.

El propio estudio de SellCell refleja que, junto al rechazo al diseño, hay un porcentaje significativo de personas (en torno al 23-24 %) que prefiere no actualizar por miedo a perder rendimiento o batería. Es un miedo que se ha hecho recurrente con el paso de los años, alimentado tanto por experiencias reales de actualizaciones problemáticas como por la tendencia natural a amplificar lo negativo en foros y redes sociales.

Sin embargo, distintas pruebas comparativas apuntan a que, en líneas generales, los iPhone tienden a ir más rápidos con las versiones recientes de iOS 26, especialmente en modelos compatibles que se lanzaron en los últimos años. Eso no quita que durante las primeras horas o días tras la instalación pueda haber pequeños tirones, reindexaciones en segundo plano y picos de consumo que dan la sensación de que “todo va peor”.

Con la batería ocurre algo similar. Las primeras iteraciones de iOS 26 llegaron con un consumo elevado y algunos bugs que lastraban la autonomía, sobre todo en los primeros días de uso. No obstante, desde la distribución de iOS 26.2 y la posterior 26.2.1, muchos de esos problemas se han ido puliendo y los reportes de gasto anómalo se han reducido considerablemente.

Por supuesto, no hay dos casos iguales: cada usuario tiene un patrón de uso distinto, con un conjunto de apps, juegos y servicios en segundo plano que pueden disparar o contener el consumo energético. Lo que para algunas personas es una mejora, para otras puede sentirse como un paso atrás, especialmente en terminales con una batería ya algo degradada.

Frente a quienes siguen experimentando fallos incluso tras instalar las últimas versiones de iOS 26, una recomendación habitual es realizar una instalación limpia del sistema. En la práctica, esto implica restaurar el iPhone a los ajustes de fábrica (desde Ajustes > General > Restablecer) y configurarlo como si fuera un dispositivo nuevo, manteniendo la misma cuenta de Apple pero sin cargar una copia de seguridad antigua que arrastre posibles archivos dañados.

Es un proceso algo pesado porque obliga a volver a descargar apps y reconfigurar preferencias, pero si la información clave (fotos, notas, calendarios, contactos, etc.) está sincronizada con iCloud, no tiene por qué suponer pérdida de datos. La idea es eliminar toda la “basura” acumulada en el sistema y que puede estar detrás de comportamientos erráticos, cierres inesperados o consumos anómalos.

Además, tras una restauración completa se recalcula el porcentaje de salud de la batería, y pasado un tiempo prudencial de uso real el sistema suele ofrecer una lectura más ajustada de la capacidad restante y del rendimiento energético que se puede esperar en el día a día.

Uso real de iOS 26 en iPhone

La estrategia de Apple: empujar a iOS 26 sin abandonar iOS 18

Un aspecto especialmente polémico de este ciclo ha sido la manera en la que Apple ha decidido empujar a los usuarios rezagados hacia iOS 26. Durante los primeros meses tras el lanzamiento, muchos propietarios de iPhone compatibles optaron por permanecer en iOS 18, ya fuera por desconfianza, por inercia o por simple pereza a cambiar.

La situación cambió con la llegada de iOS 26.2, cuando Apple introdujo una medida bastante discutida: si tenías un iPhone capaz de ejecutar iOS 26 pero seguías en iOS 18, dejabas de poder instalar el último parche de seguridad disponible para la rama anterior. En la práctica, eso dejaba a esos usuarios en una especie de callejón sin salida: o actualizaban al nuevo sistema, o se quedaban sin las correcciones de seguridad más recientes.

Esta jugada fue vista por muchos como una forma de forzar la adopción de iOS 26. En redes sociales y foros se multiplicaron las críticas, con usuarios acusando a Apple de empujarles a un rediseño y a un conjunto de cambios que no querían asumir todavía, a riesgo de comprometer la seguridad de sus dispositivos si se negaban a dar el salto.

Al mismo tiempo, Apple ha demostrado que sigue cuidando a la enorme base instalada que se queda en iOS 18, tanto por limitaciones de hardware como por decisión propia. En paralelo al despliegue de iOS 26.2.1, la compañía lanzó también iOS 18.7.4, una actualización dirigida tanto a modelos que no pueden pasar de ahí (como los iPhone XS, XS Max y XR) como a quienes, pudiendo instalar iOS 26, prefieren permanecer en la versión anterior.

Esta actualización de iOS 18 incluye parches de seguridad relevantes que evitan que los iPhone se queden expuestos a vulnerabilidades conocidas. Es una manera de equilibrar el deseo de empujar a la mayoría hacia la versión más reciente con la necesidad de proteger a quienes, por las razones que sean, no forman parte de esa mayoría.

Mirando al futuro, en Cupertino son conscientes de que iOS 26 ha tenido un arranque más accidentado de lo deseado, con un debut lleno de pequeños bugs, críticas al diseño y cierta fatiga general respecto a cambios estéticos tan marcados. Por eso muchas miradas apuntan ya a iOS 27, que internamente se perfila como la especie de “Snow Leopard” del iPhone: una actualización centrada en estabilidad, optimización y nuevas funciones de inteligencia artificial, pero sin un gran vuelco visual que vuelva a dividir a la comunidad.

Algo similar ocurrió en su día con iOS 12, que llegó tras varias versiones cargadas de novedades y se enfocó en pulir la experiencia y mejorar el rendimiento incluso en modelos veteranos. Si Apple consigue repetir esa jugada con iOS 27, es probable que parte de la resistencia actual se diluya y el ritmo de adopción vuelva a los niveles habituales.

Con todo este panorama, la foto que queda de iOS 26 es bastante matizada: no es el fracaso que algunos informes iniciales pintaban, pero tampoco el paseo triunfal de versiones anteriores. Entre un diseño más arriesgado, usuarios divididos, modelos que se quedan en iOS 18 y decisiones de Apple que empujan con cierta fuerza la actualización, la tasa de adopción refleja un ecosistema muy grande en el que conviven perfiles muy distintos de usuario, desde quienes se actualizan en cuanto sale la notificación hasta quienes aguantan todo lo posible antes de tocar nada.

iOS 26 avanza con dificultad y queda muy por detrás de iOS 18 en adopción
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