- OpenAI estudia iniciar acciones legales contra Apple por un supuesto incumplimiento del acuerdo de integración de ChatGPT.
- La compañía de IA considera que Apple no ha dado visibilidad ni impulso suficiente a ChatGPT dentro de iOS, Siri y el resto del ecosistema.
- El pacto no ha generado los ingresos por suscripciones que OpenAI esperaba y se teme un daño a la marca frente a los usuarios de Apple.
- Apple se abre a otros modelos de IA como Google Gemini y Claude, mientras aumentan las tensiones por privacidad y fichajes de talento.

La relación entre Apple y OpenAI, que hace no tanto se presentaba como una alianza estratégica clave para llevar la inteligencia artificial generativa a millones de usuarios de iPhone, atraviesa ahora su momento más delicado. La startup de IA está valorando seriamente recurrir a los tribunales al considerar que el gigante de Cupertino no ha cumplido con lo prometido en la integración de ChatGPT dentro de sus sistemas.
Según varias fuentes cercanas a las negociaciones, los responsables de OpenAI interpretan que Apple ha ofrecido una implementación limitada, poco visible y mal promocionada de ChatGPT en iOS y en Siri, muy lejos de lo que se les habría garantizado durante las conversaciones iniciales. El resultado: decepción, tensiones internas y un escenario en el que la vía legal gana peso, aunque todavía se intenta evitar el choque frontal.
Del acuerdo estrella a la posible ruptura legal
El pacto entre ambas compañías se cerró como una colaboración de dos años para integrar ChatGPT directamente en el software de Apple, empezando por iOS y, de forma progresiva, en otros dispositivos como iPad y Mac. La puesta de largo llegó en 2024, cuando Apple anunció la llegada de funciones basadas en ChatGPT en Siri y en herramientas de IA como la llamada Inteligencia Visual del iPhone.
La idea sobre el papel era potente: que cualquier usuario de los dispositivos de la marca pudiera acceder a las capacidades de ChatGPT desde Siri o desde opciones del sistema, sin necesidad de instalar apps adicionales ni complicarse con configuraciones avanzadas. En aquella presentación, directivos de Apple destacaron a OpenAI como referencia del sector, mientras Sam Altman, CEO de la startup, acudía al campus de la compañía para escenificar la alianza.
OpenAI confiaba en que esta integración se tradujera en un gran impulso para su negocio, tanto en términos de número de usuarios como de ingresos recurrentes por suscripción. De hecho, internamente se manejaban previsiones de una posible facturación de miles de millones de dólares anuales derivados del canal Apple, algo que ayudaría a apuntalar sus planes de crecimiento e, incluso, una futura salida a bolsa.
Con el tiempo, sin embargo, la realidad se ha alejado bastante de aquellas expectativas. Los estudios de comportamiento de usuarios encargados por OpenAI apuntan a que los propietarios de iPhone son mucho más propensos a usar la app independiente de ChatGPT que a aprovechar la integración nativa a través de Siri u otras secciones del sistema operativo.

El papel de los abogados y las posibles acciones legales
En este contexto de descontento, OpenAI ha recurrido ya a un bufete legal externo para analizar sus opciones. Los abogados de la compañía estarían evaluando varios escenarios, entre ellos el envío de una notificación formal a Apple en la que se alegue un posible incumplimiento de contrato, sin que ello suponga iniciar de inmediato una demanda completa.
De momento no se ha tomado una decisión definitiva y dentro de OpenAI existe el deseo de reconducir la relación por la vía negociada, sin necesidad de llegar a los tribunales. Aun así, el hecho de que la empresa haya puesto a trabajar a un equipo de abogados de alto perfil indica que el conflicto ha superado el nivel de simples roces comerciales.
Las fuentes apuntan a que cualquier paso legal significativo se produciría, en todo caso, después de que OpenAI cierre otro litigio abierto con Elon Musk, lo que deja claro que la compañía está midiendo bien los tiempos para no dispersar sus recursos en varias batallas judiciales de máximo impacto al mismo tiempo.
Los portavoces oficiales de Apple y OpenAI han preferido guardar silencio y han declinado comentar públicamente los detalles de estas discrepancias. La falta de declaraciones deja el relato en manos de filtraciones y fuentes anónimas, pero el deterioro del clima entre ambas tecnológicas parece evidente.
Por qué OpenAI cree que Apple no ha cumplido su parte
Una de las principales quejas de OpenAI tiene que ver con la forma concreta en que Apple ha integrado ChatGPT en iOS y Siri. Para acceder a las respuestas del modelo a través del asistente, el usuario debe mencionar de forma explícita la palabra «ChatGPT» en la orden de voz o en el texto que introduce, un requisito que complica su descubrimiento para el público general.
Además, las respuestas que llegan desde los servidores de OpenAI se muestran, según las fuentes, en una ventana reducida y con menos contexto del que se obtiene usando la aplicación de ChatGPT por separado. Esto hace que la experiencia sea percibida como más limitada y menos atractiva, justo lo contrario de lo que OpenAI buscaba con una integración nativa en el sistema.
Directivos de la startup sostienen también que Apple no ha potenciado lo suficiente la presencia de ChatGPT en su ecosistema. Más allá de ciertos menús en iOS, la compañía de la manzana no habría dado a la herramienta de OpenAI un papel realmente destacado ni en Siri ni en aplicaciones clave, ni habría acompañado la integración con campañas de comunicación que explicasen bien a los usuarios cómo sacar partido a estas funciones.
En declaraciones anónimas recogidas por las filtraciones, desde OpenAI se afirma que la compañía ha «hecho todo lo posible desde la perspectiva del producto», mientras que Apple «ni siquiera ha hecho un esfuerzo honesto» por cumplir con lo que se le pidió. Esa sensación de haber dado un «salto de fe» confiando en Apple y de no haber recibido a cambio el compromiso esperado está en el centro del malestar actual.
Expectativas de negocio frustradas y daño a la marca
Más allá del aspecto puramente técnico, el desencanto tiene un componente económico muy claro. Como parte del acuerdo, los usuarios de iPhone pueden contratar una suscripción de pago a ChatGPT directamente desde el menú de Ajustes de iOS, con Apple reteniendo un porcentaje estándar de los ingresos generados a través de sus plataformas.
Este canal debía convertirse, según los planes internos de OpenAI, en una fuente de ingresos multimillonaria, gracias a la enorme base de dispositivos activos de Apple en todo el mundo, incluida Europa. Sin embargo, las cifras reales de conversión estarían muy por debajo de las previsiones iniciales, algo que la compañía atribuye en buena medida al bajo nivel de visibilidad y a una integración que no incentiva suficientemente el uso.
El problema no se limita al dinero. En la startup de San Francisco existe el temor de que la manera en que se ha implementado ChatGPT en el entorno Apple esté perjudicando la percepción de la marca entre los clientes más fieles de la compañía de Cupertino. Si el usuario se encuentra con respuestas recortadas, flujos confusos o accesos poco intuitivos, es probable que culpe al propio ChatGPT, aunque la causa última sea la capa de integración de iOS.
Todo esto alimenta la sensación, dentro de OpenAI, de que el acuerdo tal y como se ejecutó ha acabado siendo un fracaso estratégico. La empresa veía en Apple un socio capaz de darle un salto definitivo en escala y prestigio, especialmente de cara a inversores y a un posible proceso de salida a bolsa, pero el resultado está lejos de lo que se prometió en las conversaciones iniciales.
Apple, entre la cautela por la privacidad y su apuesta por otros socios
Por la parte de Apple, el cuadro también tiene matices. La compañía habría trasladado internamente sus propias preocupaciones sobre la privacidad y el tratamiento de datos por parte de OpenAI. Aunque finalmente optó por integrar ChatGPT, lo hizo mientras desarrollaba en paralelo sus propios proyectos de IA y mantenía conversaciones con otros actores del sector.
La presión para no quedarse atrás en la carrera de la inteligencia artificial fue enorme. Apple era consciente de que sus funciones internas de IA generativa aún no estaban maduras, y eso le llevó a apoyarse en soluciones externas como ChatGPT o, más tarde, Google Gemini para reforzar sus modelos en ciertas áreas. Según fuentes del sector, Apple llegó a valorar en su momento un pacto más amplio con OpenAI para estos modelos, que finalmente no prosperó.
El acuerdo cerrado con Google para aprovechar parte de su tecnología de IA supone un desembolso anual que se ha estimado en alrededor de mil millones de dólares. En opinión de Apple, la plataforma Gemini ofrecía una base más sólida para determinados proyectos a largo plazo, algo que ha reforzado la idea de diversificar proveedores y no depender en exclusiva de ChatGPT.
Desde OpenAI, esta evolución se percibe con cierta frustración. Ejecutivos de la startup sostienen que Apple tiene un enorme poder de mercado y capacidad para imponer condiciones, y que ya experimentaron lo que supone confiar en esa posición dominante sin tener garantías claras sobre la ejecución final del producto.
Llegan Claude y Gemini: un escenario más competitivo para ChatGPT
La situación se complica aún más con los planes de Apple para sus próximos sistemas operativos. A partir de iOS 27, la empresa abrirá de forma amplia sus plataformas a múltiples modelos de IA de terceros, permitiendo que los usuarios instalen distintos chatbots desde la App Store y los utilicen como motores de respuesta dentro de Siri o para tareas de generación de texto e imágenes.
Apple está probando ya integraciones con Claude, de Anthropic, y con Google Gemini, de modo que ChatGPT dejará de ser el socio más visible dentro del entorno del iPhone. En la práctica, el usuario dispondrá de un selector de modelos de IA a nivel de sistema, donde podrá elegir entre Siri, OpenAI y otros proveedores rivales según sus preferencias o necesidades concretas.
Paradójicamente, este nuevo sistema, conocido de forma interna como Extensiones, podría llegar a impulsar el uso de ChatGPT si la experiencia de usuario mejora y la selección de modelo se presenta de forma clara y sencilla. Sin embargo, también aumenta la presión competitiva, ya que alternativas como Claude y Gemini se han consolidado en muy poco tiempo como adversarios de peso en el mercado de la IA generativa.
Anthropic, por ejemplo, se encuentra en conversaciones para levantar nueva financiación con una valoración que superaría los 900.000 millones de dólares, un dato que ilustra hasta qué punto el sector está viviendo un crecimiento acelerado y cómo el pastel que Apple ofrece desde su ecosistema resulta cada vez más apetitoso para los distintos proveedores de IA.
Desde OpenAI insisten en que el hecho de que Apple se abra a otros modelos no es, por sí mismo, el motivo de las posibles acciones legales. El acuerdo original nunca se planteó como exclusivo, y la empresa de IA reconoce que la competencia formaba parte del escenario previsto desde el principio. El foco del desacuerdo está más bien en cómo se ha implementado y promocionado la integración específica de ChatGPT.
Choque de intereses también en el terreno del hardware
Las fricciones entre Apple y OpenAI no se limitan al software. En los últimos años, la startup de Sam Altman ha reforzado su apuesta por el hardware tras adquirir una empresa de dispositivos de nueva generación fundada por el exjefe de diseño de Apple, Jony Ive, una de las figuras más influyentes en la historia reciente de la compañía de la manzana.
Este proyecto, liderado también por antiguos ejecutivos de Apple como Tang Tan y Evans Hankey, apunta al desarrollo de nuevos dispositivos que podrían competir directamente con el iPhone y otros productos del ecosistema Apple. Aunque por ahora se trata de planes en desarrollo, el simple hecho de que OpenAI se posicione como posible rival en hardware añade tensión a la relación.
Desde Cupertino, además, existe un notable malestar por las agresivas tácticas de contratación que OpenAI estaría utilizando para captar ingenieros de sus equipos. Para tentar a este talento, la startup ofrece paquetes de compensación en acciones que superan con creces lo que Apple paga habitualmente, lo que ha generado preocupación en los despachos de la compañía californiana.
Este trasvase de perfiles clave en áreas de hardware y diseño se suma a las discrepancias en torno a la IA y a la forma en que se ha desarrollado la alianza, alimentando una sensación de competencia creciente entre ambas empresas pese a que, sobre el papel, siguen siendo socias en ciertos proyectos.
Contexto de presión regulatoria y demandas previas
Todo este conflicto se enmarca en un momento en el que Apple también se enfrenta a presiones regulatorias y judiciales por otros frentes, algo muy relevante de cara a Europa y España, donde el escrutinio sobre las grandes tecnológicas es especialmente intenso. La compañía ya ha pagado cuantiosas multas y ha tenido que adaptar parte de su ecosistema a las nuevas normas comunitarias sobre competencia y tiendas de aplicaciones.
En paralelo, la empresa de Cupertino ha tenido que lidiar con demandas colectivas vinculadas a Siri y a la publicidad de sus funciones de IA. Hace poco llegó a un acuerdo en un pleito por aproximadamente 250 millones de dólares, en el que se alegaba que Apple había exagerado las capacidades de una serie de funciones avanzadas del asistente que, a día de hoy, todavía no se han materializado del todo en el mercado.
Este contexto contribuye a que cualquier disputa adicional, como la que podría abrirse con OpenAI, se observe con lupa desde las autoridades reguladoras, especialmente en la Unión Europea, muy atenta a posibles abusos de posición dominante o prácticas contrarias a la libre competencia en el ámbito digital y de la inteligencia artificial.
Si las diferencias entre Apple y OpenAI terminaran en los tribunales, no sólo se discutirían cuestiones técnicas sobre la integración de un chatbot en un sistema operativo, sino también posibles implicaciones para la competencia y la privacidad de los usuarios dentro del espacio europeo. Esto podría atraer la atención de organismos como la Comisión Europea o las autoridades nacionales de protección de datos.
Con las espadas en alto y ambos actores reforzando sus alianzas en IA y hardware, el futuro de la colaboración entre Apple y OpenAI se mueve ahora en una fina línea entre el replanteamiento negociado del acuerdo y una confrontación abierta que podría redefinir el mapa de socios tecnológicos de la compañía del iPhone en Europa y en el resto del mundo.