- Cinco modelos populares, incluyendo el primer Apple Watch Ultra y el Series 8, se quedan sin soporte para la nueva versión.
- La integración de Siri AI y las funciones de Apple Intelligence son el principal motivo técnico detrás de esta decisión.
- Apple exige el chip S9 o superior para garantizar que la fluidez del sistema y el procesamiento local no se vean comprometidos.
- Los dispositivos antiguos seguirán recibiendo parches de seguridad a través de actualizaciones de mantenimiento de watchOS 26.

La llegada de watchOS 27 ha caído como un jarro de agua fría entre una buena parte de la comunidad de usuarios de la manzana. Aunque estamos acostumbrados a que la tecnología avance a pasos agigantados, nadie se esperaba que Apple decidiera dejar fuera de la actualización a tres generaciones completas de golpe. Lo que en un principio pareció un error en la web de la compañía, se ha acabado confirmando como un movimiento estratégico y técnico que marca un antes y un después en la longevidad de sus wearables.
En los pasillos de la WWDC y en declaraciones posteriores a medios especializados, los responsables de la firma de Cupertino han tenido que salir al paso para calmar los ánimos. No es para menos, ya que modelos que todavía se sienten muy capaces, como el flamante Apple Watch Ultra original o el Series 8, se han topado con un muro insalvable. La explicación oficial no se ha hecho esperar y, como suele ocurrir en estos casos, todo gira en torno a lo que hay debajo del capó de nuestros relojes.
Los modelos que se quedan en la estacada

La lista de bajas es, cuanto menos, dolorosa para el bolsillo de muchos. Los dispositivos que no podrán dar el salto a watchOS 27 son el Apple Watch Series 6, Series 7, Series 8, el SE de segunda generación y el ya mencionado Ultra de primera hornada. Esto significa que si tienes uno de estos en la muñeca, te vas a perder el grueso de las novedades que llegarán este otoño. Es un corte bastante agresivo si tenemos en cuenta que algunos de estos relojes se vendían hace apenas dos años como la última maravilla del mercado.
Para que un reloj pueda presumir de llevar la última versión del sistema, tendrá que montar al menos el chip S9. Esto reduce el club de los elegidos al Apple Watch Series 9 en adelante, el Ultra 2 y el nuevo SE de tercera generación. Según los expertos del sector, este requisito se debe a que el procesador S9 dio un salto importante en potencia bruta y, sobre todo, incorporó un Neural Engine mucho más capaz, algo fundamental para lo que Apple tiene planeado con su nueva inteligencia artificial.
Siri AI: el culpable del divorcio tecnológico
La gran estrella de esta actualización es, sin duda, la nueva Siri potenciada con inteligencia artificial. David Clark, uno de los mandamases de ingeniería de software en Apple, ha dejado claro que el objetivo es que el reloj se convierta en un compañero real de Apple Intelligence, funcionando de forma coherente con el iPhone. Querían evitar a toda costa que la experiencia fuera a trompicones o que el asistente se quedara colgado pensando, por lo que han preferido cortar por lo sano y centrarse en el hardware que puede mover estos modelos de lenguaje en local.
Cait Dooley, responsable de marketing del producto, también ha insistido en que la prioridad de la marca es mantener un rendimiento impecable. Para Apple, no tenía sentido lanzar una versión «descafeinada» de watchOS 27 para los modelos antiguos porque se cargaría la sensación de fluidez que buscan con los nuevos gestos y la integración profunda de Siri. Al final, parece que el procesamiento en el propio dispositivo es el que ha dictado sentencia, obligando a los usuarios que quieran estar a la última a pasar por caja antes de lo previsto.
En España, donde el Apple Watch tiene una cuota de mercado altísima, esta noticia ha generado un debate intenso sobre la obsolescencia. Muchos usuarios que compraron un Series 8 pensando que tendrían cuerda para un lustro se encuentran ahora con que su dispositivo pasará a recibir únicamente parches de seguridad. Aunque Apple ha prometido que seguirá cuidando el contenido de seguridad en watchOS para corregir fallos y mantener la protección de los datos, queda claro que el ciclo de vida de los relojes se ha vuelto mucho más corto y exigente desde que la inteligencia artificial se ha metido de lleno en nuestras vidas.
La situación actual nos deja un panorama donde la potencia del hardware ya no solo sirve para que las apps abran más rápido, sino que es el pase de entrada para funciones de software que antes nos parecerían de ciencia ficción. A pesar del cabreo inicial de quienes se quedan fuera, los nuevos modelos compatibles disfrutarán de una Siri mucho más lista y capaz de entender el contexto de lo que hacemos. Al final del día, nos toca aceptar que el Apple Watch ha dejado de ser un simple accesorio para convertirse en un ordenador de muñeca con unas exigencias técnicas que no perdonan el paso del tiempo, dejando a los modelos anteriores como excelentes herramientas de medición que, eso sí, ya no aprenderán trucos nuevos.