- El MacBook Neo con chip A18 Pro logra un 48% más de rendimiento por núcleo que el MacBook Air M1
- Ofrece cifras cercanas al iPhone 16 Pro y se queda a medio camino entre M1 y M4 en potencia
- Está pensado para tareas diarias, estudiantes y ofimática, con limitaciones claras en usos profesionales
- Su precio de 699 euros en España lo convierte en la vía más barata para entrar en el ecosistema Mac
El lanzamiento del MacBook Neo con chip A18 Pro ha reabierto un viejo debate: hasta qué punto es buena idea montar en un portátil el procesador que utiliza un móvil, como ocurre en el MacBook de bajo coste con chip de iPhone. Sobre el papel puede sonar a recorte de costes, pero los primeros datos de rendimiento apuntan a un escenario bastante más matizado y, en algunos casos, sorprendente.
Los resultados filtrados de Geekbench 6 y pruebas de GPU Metal permiten comparar al detalle este modelo de entrada con referencias clave del catálogo de Apple, como el MacBook Air con chip M1, el actual MacBook Air con M4 e incluso el iPhone 16 Pro. La conclusión, mirando únicamente los números, es que el MacBook Neo se queda lejos de los equipos de gama alta, pero logra algo importante: superar con claridad al M1 en rendimiento por núcleo y situarse muy cerca de los chips más recientes de la casa en tareas cotidianas.
A18 Pro en un Mac: mismo ADN que el M4, menos núcleos
En el interior del MacBook Neo no hay un procesador experimental ni de segunda fila: monta un A18 Pro adaptado al uso en portátil, el mismo chip que da vida al iPhone 16 Pro. Tanto el A18 Pro como el M4 que hasta hace nada equipaba el MacBook Air comparten arquitectura ARMv9.2-A de 64 bits y fabricación en 3 nm (N3E) de TSMC, es decir, forman parte de la misma familia de Apple Silicon.
La verdadera diferencia está en el número de núcleos disponibles. En esta configuración para portátil, el A18 Pro del MacBook Neo ofrece 6 núcleos de CPU y 5 de GPU, mientras que un M4 de portátil sube la apuesta hasta 8 núcleos de CPU y 8 de GPU. Esa disparidad explica por qué el Neo no puede competir en cargas pesadas con un Air M4, pero sí le planta cara al M1 e incluso se le acerca en algunos escenarios.
De ahí que la etiqueta de “chip de móvil” acabe siendo más una cuestión de marketing que una descripción técnica precisa. A nivel de diseño interno, estamos ante Apple Silicon de última generación, con menos núcleos pero con el mismo tipo de ingeniería que Apple utiliza en sus portátiles más recientes.
Benchmarks: el MacBook Neo supera al M1 donde más se nota
Los primeros resultados de Geekbench 6 para el MacBook Neo sitúan al equipo en 3.461 puntos en single-core y 8.668 puntos en multi-core. En las pruebas de GPU con Metal, la puntuación ronda los 31.286 puntos. Aun siendo datos de una sola unidad, encajan con lo que cabía esperar para este chip y permiten una comparativa razonable con otros dispositivos Apple.
Frente al iPhone 16 Pro, que registra unos 3.445 puntos en single-core, 8.624 en multi-core y en torno a 32.500 puntos en Metal, el MacBook Neo queda prácticamente empatado en CPU y algo por debajo en gráficos, algo lógico si tenemos en cuenta que en el portátil se ha desactivado un núcleo gráfico. La sorpresa llega cuando se mira al MacBook Air con chip M1: este se queda aproximadamente en 2.346 puntos en single-core, 8.342 en multi-core y unos 33.148 en Metal.
Traducido: el MacBook Neo rinde casi un 48 % más que el M1 en rendimiento por núcleo, empata en potencia multinúcleo y solo se ve ligeramente por detrás en el apartado gráfico. Es decir, para abrir aplicaciones, moverse por el sistema o trabajar con tareas ligeras, el Neo se comporta como un equipo más moderno que el primer Air con Apple Silicon.
Cuando la comparación se hace con un MacBook Air M4, el contraste es mayor. El Air más reciente llega alrededor de 3.696 puntos en single-core, 14.730 en multi-core y 54.630 en Metal, muy por encima del Neo en tareas pesadas y GPU. Sin embargo, ese salto de potencia va acompañado de un incremento notable en el precio, lo que deja claro que se trata de gamas diferentes pensadas para necesidades también distintas.
En el terreno de las tabletas, el iPad Air con chip M3 ronda los 3.048 puntos en single-core, 11.678 en multi-core y 44.395 en Metal, mientras que el iPad 11 baja hasta unos 2.587 en single-core, 6.036 en multi-core y 19.395 en Metal. Aquí el MacBook Neo se posiciona por encima del iPad 11 en casi todo, empata o supera al M3 en rendimiento por núcleo y solo pierde con claridad en cargas multinúcleo y GPU.
Por qué el rendimiento por núcleo lo cambia todo
Más allá de la carrera de cifras, lo que realmente marca la experiencia diaria es el rendimiento en un solo núcleo. La mayoría de acciones que hacemos a diario en un ordenador —navegar por Internet, gestionar documentos, contestar correos, consumir contenido en streaming o retocar fotos de forma ligera— dependen sobre todo de cómo rinde cada núcleo individual, no de la suma de todos.
En ese terreno, el MacBook Neo se comporta como un portátil de gama media actual. Abre aplicaciones con rapidez, mueve macOS sin tirones y gestiona múltiples pestañas del navegador con soltura comparable a la de equipos bastante más caros. De hecho, en redes sociales ya circulan vídeos donde se ve cómo el Neo abre prácticamente todas las apps del sistema en cuestión de segundos, algo que hasta hace no tanto se asociaba a modelos mucho más potentes.
Donde sí aparece la diferencia es en tareas que aprovechan varios núcleos a la vez: edición de vídeo 4K, renderizado 3D, compilación de código pesado o producción musical compleja. En estos escenarios, el menor número de núcleos de CPU y GPU del A18 Pro frente a los chips M3 o M4 se nota de manera clara, de forma que quienes necesiten trabajar a diario con este tipo de flujos harían mejor en mirar hacia gamas superiores.
Apple, de hecho, no esconde ese posicionamiento. En su material promocional orienta el MacBook Neo a un uso cotidiano, comparándolo con portátiles con Intel Core Ultra 5 del rango de precio similar y destacando hasta un 50 % más de rendimiento en tareas diarias, además de mejoras de hasta 3 veces en procesos de inteligencia artificial local y hasta el doble de velocidad en edición de fotografías. Los benchmarks conocidos encajan razonablemente con esas afirmaciones.
En paralelo, conviene recordar que las pruebas sintéticas no lo son todo. Sirven para tener una referencia clara y homogeneizar comparativas, pero no sustituyen la experiencia de uso real ni las reviews en profundidad, donde entran en juego factores como la gestión térmica, la estabilidad del sistema o la autonomía.
Un portátil de entrada centrado en eficiencia y precio
Más allá de la discusión técnica, el MacBook Neo se entiende sobre todo por su posicionamiento en la gama. En España, el modelo base parte de 699 euros con 256 GB de almacenamiento, mientras que la variante con 512 GB se sitúa en 799 euros. Es la puerta de entrada más barata al ecosistema Mac de los últimos años, por debajo incluso de algunos iPad combinados con teclado.
Para cuadrar ese precio, Apple ha tomado decisiones claras: el Neo llega con 8 GB de memoria unificada sin opción de ampliación, una cifra suficiente para usos de oficina, estudios y ocio, pero ajustada para cargas profesionales exigentes. El modelo de entrada también prescinde del teclado retroiluminado y limita su conectividad de pantalla externa a un único monitor, elementos que pueden ser relevantes para quienes trabajan con setups más complejos.
El diseño sigue las líneas habituales de la marca: chasis de aluminio, líneas limpias y un peso contenido. El portátil se ofrece en cuatro colores —plata, rosa nube, cítrico e índigo— que dan un toque más desenfadado, claramente orientado a estudiantes y usuarios que buscan un equipo práctico pero con cierto punto de personalización estética.
En ese contexto, el MacBook Neo no pretende competir con los MacBook Pro ni con los Air más potentes. Su público objetivo son quienes necesitan un ordenador para estudiar, teletrabajar, redactar documentos, gestionar correo y consumir contenido multimedia sin preocuparse demasiado por configuraciones avanzadas o periféricos profesionales.
Un aspecto relevante es que, pese a montar un chip de la serie A, el dispositivo ejecuta macOS completo, con compatibilidad con prácticamente todas las apps y juegos disponibles para ordenadores Mac con Apple Silicon. No hay versión recortada del sistema ni limitaciones artificiales por tratarse de un modelo de entrada, algo importante de cara a su vida útil y a la compatibilidad con futuras versiones de software.
Comparativa directa con el M1 y otros dispositivos Apple
Una de las dudas más repetidas entre potenciales compradores en España y Europa es si compensa más apostar por un MacBook Neo nuevo o buscar un MacBook Air con chip M1 rebajado. Las cifras de rendimiento dibujan un escenario claro: el Neo se impone en single-core, empata o mejora ligeramente en multi-core y solo cede en potencia gráfica bruta frente al M1.
Esto significa que para los usos más habituales —navegación, ofimática, videollamadas, gestión de archivos y edición ligera— el Neo ofrece una experiencia más ágil que el M1 gracias a su mejor rendimiento por núcleo. Donde el Air M1 mantiene cierta ventaja es en tareas que exprimen más la GPU, aunque la diferencia no es tan amplia como la que separa a ambos de un Air con M4.
Si ampliamos el foco, el MacBook Neo se coloca muy cerca del iPhone 16 Pro en CPU y por encima del iPad 11 en prácticamente todos los parámetros. Frente al iPad Air M3, el A18 Pro del Neo saca pecho en tareas ligeras, pero queda por detrás en cargas multinúcleo y en potencia gráfica.
En la práctica, el Neo obtiene las mejores puntuaciones en tareas livianas (single-core) frente a iPhone 16 Pro, Air M1, iPad Air M3 e iPad 11, y se sitúa relativamente cerca del MacBook Air M4 en ese apartado concreto, lo que deja claro que Apple ha priorizado que el equipo vaya “fino” en el uso del día a día. En multi-core adelanta al iPhone 16 Pro y al Air M1, y supera también al iPad 11, mientras que en Metal solo queda por encima del iPad 11, mostrando el límite de este enfoque cuando entran en juego gráficos más exigentes.
Con todo, el mensaje que dejan los números es coherente: el MacBook Neo no está pensado para edición de vídeo intensiva, 3D avanzado o juegos pesados, pero sí para el trabajo de estudiante o de oficina que no requiere mover archivos muy pesados ni proyectos de edición complejos.
Disponibilidad, contexto y a quién le puede encajar
El MacBook Neo se puede reservar desde la web de Apple y su llegada al mercado está fijada para el 11 de marzo, con distribución prevista en España y el resto de Europa de forma escalonada. Todo apunta a que será uno de los Mac con mayor volumen de ventas de los últimos tiempos, sobre todo por el hueco que abre en la gama de precios.
Hay un grupo amplio de usuarios de Windows y ChromeOS que no habían tenido hasta ahora un punto de entrada tan asequible al ecosistema Mac. Para esa audiencia, el Neo puede ser una forma relativamente económica de probar macOS sin renunciar a un rendimiento competente en el día a día, especialmente si se compara con portátiles de precio similar con procesadores Intel o AMD de generaciones anteriores.
En entornos educativos y de teletrabajo ligero, su combinación de autonomía previsiblemente elevada, buen rendimiento por núcleo y construcción en aluminio resulta especialmente atractiva. No obstante, para usuarios que editen vídeo con frecuencia, trabajen con grandes bibliotecas de fotos RAW o dependan de varias pantallas externas, las limitaciones en RAM, GPU y conectividad pueden quedarse cortas a medio plazo.
Uniendo todas las piezas —precio, potencia, recortes y diseño— queda bastante claro el hueco que viene a cubrir el MacBook Neo: ser el Mac accesible para quien prioriza fluidez en tareas básicas sobre la potencia bruta. No pretende deslumbrar con cifras extremas ni competir con los Pro, sino ofrecer una experiencia Mac “completa” a coste contenido, superando al histórico M1 en el apartado donde más se nota en el día a día y asumiendo sin complejos que, para trabajos pesados, el sitio sigue siendo la gama alta.