La polémica por los iconos de macOS Tahoe que Apple desaconsejaba

Última actualización: 10 de enero de 2026
Autor: Isaac
  • Los iconos de macOS Tahoe han sido duramente criticados por su exceso y falta de claridad.
  • Apple está usando un enfoque que sus propias guías de 1992 señalaban como un ejemplo de menú "feo".
  • Se detecta incoherencia entre apps: distintos iconos para la misma acción y mismos iconos para funciones diferentes.
  • Diseñadores y desarrolladores en Europa reclaman menos iconos, más coherencia y mejor jerarquía visual.

iconos macOS Tahoe

Los iconos de macOS Tahoe llevan meses en el centro de una discusión encendida entre diseñadores de interfaz, desarrolladores y usuarios avanzados de Mac. Lo que en principio parecía un simple lavado de cara visual ha terminado convirtiéndose en un caso práctico sobre cómo una interfaz puede alejarse de las propias recomendaciones históricas de la compañía que la crea.

En medios especializados y encuestas como las de 9to5Mac, muchos usuarios han descrito estos iconos como «horrendos», «objetivamente malos» o «intencionalmente malos», mientras otros los ven como un intento de hacer el sistema más gráfico y accesible. El resultado es una comunidad bastante partida, pero con una sensación compartida: algo chirría en la manera en que Apple está gestionando los menús y su iconografía en macOS Tahoe.

El origen del debate: los iconos que Apple dijo que no se debían hacer

La polémica se disparó cuando el ingeniero de software Nikita Prokopov analizó con lupa los iconos que aparecen en los menús de macOS Tahoe y los comparó con las viejas Directrices de Interfaz Humana de Macintosh de 1992. Su conclusión es, como mínimo, llamativa: el sistema actual reproduce casi al detalle un estilo de menús que Apple ponía entonces como ejemplo explícito de cómo no diseñar una interfaz.

En aquellas guías clásicas, la compañía mostraba un gráfico muy claro: un menú repleto de símbolos, donde cada línea iba acompañada de su propio icono, se catalogaba directamente como «menú feo» y se desaconsejaba por confuso y recargado. Frente a eso, se proponía un modelo opuesto: una lista limpia, con muy pocos iconos en el menú, reservados solo para acciones clave.

Según Prokopov, los menús de Tahoe han dado un giro completo hacia esa versión «fea» que Apple criticaba hace décadas. Hoy, prácticamente cada opción incluye un gráfico, generando una retícula visual que, más que ayudar, puede complicar la lectura, sobre todo cuando se trata de menús largos con muchas funciones avanzadas.

Este choque no es solo una cuestión estética o de nostalgia por el diseño clásico de Macintosh. Para muchos profesionales, el problema es que se ha perdido de vista el propósito funcional del icono: servir como atajo visual para encontrar acciones concretas más rápido.

Cuando todo tiene un icono, nada ayuda a decidir

Prokopov condensa el núcleo de su crítica en una idea sencilla: el icono está para que localices algo en menos tiempo. Si cada renglón del menú lleva un gráfico, ninguno destaca realmente. El ojo deja de poder apoyarse en esas formas como puntos de referencia y el usuario vuelve a depender casi por completo del texto.

Es verdad que las pantallas modernas, especialmente en equipos de gama alta muy extendidos en España y el resto de Europa, cuentan con una resolución muy superior a la de los años 90. Eso permite iconos mucho más nítidos y detallados, pero, como recalca el ingeniero, la calidad de la imagen no soluciona un problema de jerarquía visual. Si todos los elementos compiten por llamar la atención, la interfaz se vuelve más ruidosa y menos eficiente.

Para describir este efecto, Prokopov habla de una especie de «ruido visual» constante: una acumulación de señales gráficas que acaban saturando al usuario. En un entorno de escritorio pensado para trabajar durante horas con herramientas complejas (ofimática, edición, desarrollo, administración de sistemas, etc.), este exceso puede resultar especialmente molesto.

Como contrapunto, señala el enfoque que siguieron algunos competidores en sus primeras versiones. Cita, por ejemplo, el caso de Microsoft, que durante años optó por limitar la aparición de iconos a las funciones más utilizadas o más críticas, tanto en menús como en barras de herramientas. Así, bastaba un vistazo rápido para encontrar las operaciones principales sin necesidad de leer todo el menú.

La ironía, subrayan varios diseñadores europeos, es que este modelo «más sobrio» ya estaba recogido en las guías originales de Apple. Lo que se cuestiona ahora es hasta qué punto tiene sentido que la propia compañía parezca ignorar los principios que defendió durante décadas, cuando buena parte de la comunidad profesional del diseño en Europa se ha formado precisamente con esas guías.

Inconsistencia entre aplicaciones y significados que se pisan

La crítica de Prokopov no se queda solo en el volumen de iconos, sino que señala un problema adicional: la falta de coherencia en el lenguaje visual entre distintas aplicaciones. Una misma acción puede representarse de formas completamente distintas dependiendo de la app de Apple que se esté utilizando.

Un caso especialmente llamativo es el de la función «Nuevo» (crear un documento, una nota, un elemento de calendario, etc.). En teoría, una operación tan habitual debería contar con un icono universalmente reconocible en todo el sistema. Sin embargo, el análisis muestra que Apple llega a utilizar hasta cinco iconos claramente diferentes para representar, en esencia, la misma idea de «crear algo nuevo».

La situación se complica aún más cuando ocurre justo lo contrario: el mismo símbolo se utiliza para cosas completamente distintas. Prokopov apunta, por ejemplo, que el icono de «nueva nota» en la aplicación Notas coincide con el icono empleado para «editar dirección» en Contactos. Es decir, un mismo dibujo indica acciones que no se parecen en nada.

Desde el punto de vista del diseño de interacción, esto va contra una regla muy básica: un icono debe mantener siempre el mismo significado dentro de un sistema. Cuando eso se rompe, el usuario se ve obligado a ignorar las pistas visuales y a leer constantemente las etiquetas de texto, justo lo contrario de lo que se busca con una buena iconografía.

Este tipo de incoherencias no solo afectan a usuarios avanzados que llevan años en el ecosistema Mac. Para personas que se estrenan en macOS en España o en otros países de la Unión Europea, muchas veces en entornos educativos, empresas o administraciones públicas, un lenguaje visual poco consistente aumenta la curva de aprendizaje y puede provocar errores al seleccionar acciones parecidas pero con consecuencias muy diferentes.

Las viejas guías de Apple frente al macOS Tahoe actual

Uno de los aspectos que más ha sorprendido a la comunidad es que Apple ya dejó por escrito su postura sobre este asunto hace más de treinta años. Las Directrices de Interfaz Humana de Macintosh insistían claramente en que los iconos debían emplearse con moderación en los menús y solo cuando aportasen valor real a la experiencia.

En los documentos de la época se recogían dos ejemplos opuestos: un menú recargado de pequeños gráficos, etiquetado directamente como «menú feo» y poco recomendable, y otro menú ordenado, con muy pocos símbolos cuidadosamente elegidos, que se presentaba como la referencia de calidad a seguir.

Lo llamativo ahora es comprobar que los menús de macOS Tahoe encajan bastante bien con ese modelo que antes se citaba casi como un aviso de lo que no se debía hacer. Para buena parte de los profesionales del diseño de interfaz en Europa, que durante años han tomado las guías de Apple como marco de referencia, esta discrepancia resulta difícil de justificar.

Es evidente que el contexto tecnológico actual no tiene nada que ver con el de 1992: pantallas Retina, interfaces más complejas, integración con servicios en la nube, herramientas colaborativas y un ecosistema que va mucho más allá del Mac. Sin embargo, varias voces críticas recuerdan que la tecnología disponible no invalida necesariamente los principios de claridad y jerarquía visual que ya se defendían entonces.

Equipos de diseño y desarrollo en España, Alemania, Francia o los países nórdicos que crean aplicaciones para macOS se encuentran ahora con una duda razonable: ¿seguir al pie de la letra las guías clásicas o imitar lo que Apple está haciendo en macOS Tahoe, aunque parezca contradecir las recomendaciones históricas? Esta incertidumbre afecta tanto a estudios pequeños como a grandes proveedores de software que deben mantener interfaces consistentes en varios mercados de la UE.

Propuestas de mejora: menos iconos, más coherencia y color bien usado

En su análisis, Prokopov no se limita a señalar fallos, también plantea una serie de posibles soluciones. La primera, y más evidente, consiste en reducir de forma notable la cantidad de iconos en los menús de macOS Tahoe. Se trataría de volver a un enfoque más selectivo, donde solo las funciones realmente importantes o de uso intensivo tengan un símbolo asociado.

En segundo lugar, propone apostar más por la codificación mediante color en lugar de saturar los menús con pequeños dibujos. Toques cromáticos discretos podrían ayudar a agrupar acciones relacionadas o a resaltar las opciones críticas, sin necesidad de diseñar un icono distinto para cada entrada de la lista.

Otra línea de actuación pasaría por normalizar el lenguaje visual en todo el sistema, de forma que el usuario pueda confiar en que un determinado icono signifique siempre lo mismo, use la aplicación que use. Esto afectaría tanto a las apps nativas de Apple como a las herramientas profesionales que se emplean a diario en empresas, estudios creativos y organismos públicos de toda Europa.

El propio artículo de Prokopov, publicado en su blog y compartido posteriormente en plataformas como Daring Fireball, incluye múltiples capturas y ejemplos comparativos que muestran cómo podrían simplificarse los menús de Tahoe manteniendo un aspecto moderno pero aligerando el ruido visual. En muchos casos, el cambio se reduce a eliminar iconos redundantes y cuidar mejor la alineación y el espaciado.

Para los usuarios que siguen de cerca las novedades de macOS en España y otros países europeos, estos ejemplos sirven también como base para reflexionar sobre cómo debería evolucionar la interfaz en próximas versiones del sistema. No se trata solo de preferencias estéticas, sino de cómo influye el diseño en la productividad diaria, el cansancio visual o la facilidad para enseñar a otras personas a usar el equipo.

Más allá de las bromas sobre lo «feos» o «raros» que pueden resultar algunos iconos de macOS Tahoe, el debate abierto por Nikita Prokopov ha puesto sobre la mesa una cuestión de fondo: hasta qué punto Apple está siendo coherente con los principios de diseño que ella misma estableció y qué impacto tiene eso en quienes usan el sistema a diario en Europa. Entre las críticas por el exceso de iconos, la falta de consistencia entre aplicaciones y las propuestas de menús más claros y ordenados, la discusión sirve como recordatorio de que los detalles aparentemente pequeños, como un simple símbolo en un menú, pueden marcar una gran diferencia en la experiencia de uso.

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