Italia multa a Apple por abuso de posición dominante en la App Store

Última actualización: 23 de diciembre de 2025
Autor: Isaac
  • La autoridad de competencia italiana impone a Apple una multa de 98,6 millones de euros por abuso de posición dominante en la App Store.
  • El foco está en la política de Transparencia en el Seguimiento de Aplicaciones (ATT) y el requisito de doble consentimiento para la publicidad personalizada.
  • El regulador considera que Apple restringe a desarrolladores y anunciantes mientras mantiene un control absoluto sobre el ecosistema iOS.
  • La sanción se suma al creciente escrutinio europeo sobre las prácticas de Apple en materia de privacidad y competencia.

Italia multa a Apple por abuso en la App Store

La autoridad de competencia de Italia ha asestado un golpe importante a Apple al imponerle una sanción millonaria por cómo gestiona la privacidad y la publicidad en su tienda de aplicaciones. El organismo considera que la compañía ha utilizado su control sobre la App Store para condicionar el negocio de los desarrolladores y de las plataformas de publicidad digital.

Tras una investigación extensa y coordinada con instituciones europeas, el regulador concluye que la política de Transparencia en el Seguimiento de Aplicaciones (ATT), presentada por Apple como un refuerzo de la privacidad, ha terminado sirviendo para reforzar su posición dominante en el mercado de las apps para iOS y limitar la capacidad de terceros de competir en igualdad de condiciones.

Una multa de 98,6 millones de euros por abuso de posición dominante

Sanción a Apple por su política en la App Store

La Autoridad Garante de la Competencia y del Mercado (AGCM), el organismo antimonopolio italiano, ha impuesto a Apple y a dos de sus filiales una sanción de 98,6 millones de euros (unos 115 millones de dólares) por abuso de posición dominante en la distribución de aplicaciones móviles para usuarios de iOS. Según el regulador, la multinacional ostenta una “dominancia absoluta” en la provisión de plataformas para desarrolladores a través de la App Store.

En su resolución, la AGCM sostiene que Apple ha vulnerado la normativa europea de competencia al imponer a los desarrolladores externos reglas de privacidad restrictivas que afectan directamente a la recogida y explotación de datos con fines publicitarios. Estas normas se aplican en un entorno donde la App Store es, en la práctica, la única puerta de entrada para las aplicaciones dirigidas a los usuarios de iPhone y iPad.

El regulador italiano subraya que la decisión llega tras una “compleja investigación” desarrollada en coordinación con la Comisión Europea y otras autoridades de competencia. Esa labor conjunta ha permitido perfilar el impacto real de la política de Apple sobre el ecosistema publicitario y sobre los modelos de negocio basados en la publicidad personalizada, muy extendidos en toda Europa, incluida España.

Según la información facilitada por el organismo, el grupo estadounidense habría infringido las normas europeas tanto en materia de competencia como de privacidad, al utilizar su propio sistema de consentimiento como filtro obligatorio para cualquier desarrollador que quiera monetizar sus apps mediante anuncios dirigidos.

El origen del conflicto: la transparencia en el rastreo de apps (ATT)

El centro de la polémica está en la función App Tracking Transparency (ATT), introducida por Apple en 2021 y presentada como un cambio radical en la forma de gestionar la privacidad en iOS. Esta herramienta obliga a todas las aplicaciones distribuidas a través de la App Store a mostrar una ventana emergente en la que se pide a los usuarios un permiso expreso para rastrear su actividad en otras apps y sitios web.

Si la persona usuaria rechaza ese permiso, la aplicación pierde el acceso a datos clave que permiten la segmentación publicitaria, es decir, la posibilidad de mostrar anuncios personalizados en función del comportamiento y los intereses del usuario. Este tipo de publicidad es, para muchos desarrolladores y anunciantes europeos, un pilar básico para ofrecer apps gratuitas o de bajo coste y mantener un negocio sostenible.

Hasta aquí, la idea, en teoría, encaja con las exigencias de mayor transparencia y control que reclama el marco normativo europeo, incluido el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD). Sin embargo, la AGCM considera que la forma en que Apple ha implementado ATT no se ajusta por sí sola a la legislación de privacidad aplicable en la Unión Europea.

El problema, según el regulador italiano, es que la pantalla de ATT que Apple impone a los desarrolladores no cumple por sí sola con todos los requisitos legales de información y consentimiento exigidos por la normativa de protección de datos. Esto obliga a las aplicaciones de terceros a desplegar mecanismos adicionales para recabar el permiso necesario, generando una duplicidad que no afecta por igual a todos los actores del mercado.

Esta arquitectura refuerza, a ojos de la AGCM, el control de Apple sobre el flujo de datos dentro del ecosistema iOS y condiciona la forma en que los desarrolladores pueden relacionarse con sus usuarios, especialmente cuando dependen de ingresos publicitarios para mantener sus servicios.

El doble consentimiento: un obstáculo para desarrolladores y anunciantes

Uno de los puntos más criticados por la autoridad italiana es el llamado “doble consentimiento” que deriva de la política de ATT. En la práctica, los desarrolladores externos se ven obligados a solicitar una primera autorización a través de la ventana estándar de Apple y, después, un segundo consentimiento mediante sus propios sistemas para ajustarse por completo al RGPD y a la normativa europea de privacidad.

La AGCM sostiene que esta duplicación no es necesaria para garantizar un alto nivel de protección de datos y, sin embargo, tiene efectos claramente negativos sobre la actividad económica de terceros. Para muchos usuarios, enfrentarse a varias peticiones de permiso para el mismo fin genera cansancio y rechazo, lo que se traduce en una caída en el número de consentimientos otorgados.

Desde la perspectiva de desarrolladores, anunciantes y plataformas de intermediación publicitaria, este entorno se convierte en una barrera añadida para obtener datos con los que ajustar las campañas, medir resultados y financiar contenidos gratuitos. La autoridad italiana remarca que los datos de los usuarios son un activo esencial en la publicidad en línea personalizada, y que restringir su recopilación y uso en exceso puede desequilibrar el mercado en favor de quien controla el sistema.

El regulador concluye que los términos de la política ATT se imponen de forma unilateral por parte de Apple y perjudican directamente los intereses de sus socios comerciales. A su juicio, la compañía podría haber alcanzado los mismos objetivos de protección de la privacidad permitiendo que el consentimiento se obtuviera en un solo paso, sin obligar a los desarrolladores a redoblar esfuerzos ni a soportar el desgaste que implica la multiplicación de ventanas emergentes.

Para la AGCM, esa solicitud de doble consentimiento hace que la política de ATT resulte “desproporcionada”. Es decir, que va más allá de lo razonable para alcanzar los fines de privacidad que declara Apple, introduciendo un desequilibrio que limita la capacidad de terceros para competir dentro de la App Store con modelos de negocio basados en anuncios.

Impacto en el ecosistema europeo de apps y publicidad digital

El dictamen de la autoridad italiana no se queda en el caso particular de Apple, sino que apunta a consecuencias más amplias para el ecosistema digital europeo. Al restringir la recopilación, la vinculación y el uso de datos mediante la obligación de un doble consentimiento, se limita la posibilidad de que desarrolladores, anunciantes y plataformas de intermediación publicitaria operen con la misma eficacia que antes de la introducción de ATT.

En el informe se destaca que las empresas cuyo modelo de negocio depende de la venta de espacios publicitarios son las más perjudicadas. Muchas de estas compañías, incluidas numerosas startups y pymes tecnológicas con presencia en España y otros países de la UE, se apoyan en la publicidad personalizada para financiar el desarrollo de nuevas funcionalidades y mantener sus apps gratuitas.

Al reducirse la tasa de usuarios que otorgan consentimiento, se encoge también el volumen de datos disponibles para la segmentación de campañas. Esto hace que los anuncios sean menos precisos, que caiga la rentabilidad de cada impresión publicitaria y que los desarrolladores se vean forzados a explorar otros modelos, como las suscripciones o los pagos dentro de la aplicación, que no siempre encajan con las expectativas de los usuarios.

La AGCM insiste en que el problema no es la existencia de controles de privacidad más estrictos, algo que en Europa se considera deseable, sino el hecho de que estos controles estén diseñados e impuestos por una empresa que ya tiene un poder extraordinario dentro del mercado. En un entorno así, cualquier cambio unilateral en las reglas de juego puede tener un impacto desproporcionado sobre el resto de actores.

Además, el regulador italiano no pierde de vista que Apple también participa en el negocio de la publicidad dentro de su propio ecosistema. Este solapamiento de roles —como guardián de la plataforma y como competidor en el mercado publicitario— alimenta la sospecha de que ATT podría estar reforzando, en la práctica, la posición comercial de la propia compañía frente a redes de anunciantes y desarrolladores de terceros.

La respuesta de Apple y el frente judicial que se abre

Apple ha adelantado que apelará la decisión de la AGCM y ha defendido públicamente sus políticas de privacidad. La compañía sostiene que ATT ofrece a los usuarios una forma “sencilla y clara” de controlar quién puede rastrear su actividad y con qué fines, y que las normas se aplican por igual a todas las aplicaciones, incluidas las desarrolladas por la propia Apple.

En sus comunicados, la empresa de Cupertino insiste en que la privacidad es un derecho fundamental y recuerda que sus medidas han sido elogiadas por diversos defensores de la protección de datos y por autoridades especializadas de todo el mundo. Desde su punto de vista, la sanción italiana pasa por alto el valor que estas herramientas aportan a los usuarios y estaría dando prioridad a los intereses de la industria de la publicidad digital.

Apple recalca que mantiene un fuerte compromiso con la protección de la información personal y defiende que su enfoque se ajusta a las obligaciones legales vigentes en la Unión Europea. La compañía considera que las críticas de los reguladores antimonopolio no tienen en cuenta la necesidad de responder a las crecientes preocupaciones de los ciudadanos sobre el rastreo masivo y el uso de sus datos con fines comerciales.

Con el recurso de Apple en marcha, el conflicto se traslada ahora al terreno judicial. Será en los tribunales donde se dirima si la política ATT supone un ejercicio legítimo de la autonomía empresarial para proteger la privacidad o si, por el contrario, constituye un mecanismo encubierto para reforzar el control de la compañía sobre el ecosistema publicitario de iOS.

Mientras se resuelve el litigio, no se esperan cambios inmediatos para los usuarios, que seguirán viendo las mismas solicitudes de permiso al abrir apps que quieren rastrear su actividad. Sin embargo, una eventual ratificación de la multa podría obligar a Apple a replantear algunas partes de su sistema de consentimiento en Europa, con potenciales efectos en el día a día de las aplicaciones disponibles en la App Store.

Italia, Francia y el creciente escrutinio europeo

La multa impuesta por Italia se suma a otras decisiones recientes en Europa que apuntan en la misma dirección. A principios de este año, las autoridades antimonopolio francesas ya sancionaron a Apple con 150 millones de euros por cuestiones relacionadas con la transparencia en el seguimiento de usuarios y el impacto de sus políticas sobre la competencia en el mercado publicitario.

Además de Francia e Italia, otros países europeos han abierto investigaciones sobre ATT y sobre el papel de Apple en la distribución de aplicaciones móviles. Estas actuaciones responden a una preocupación compartida: cómo equilibrar el refuerzo de la privacidad con la necesidad de mantener un entorno competitivo y abierto para desarrolladores y servicios digitales.

La coordinación de la AGCM con la Comisión Europea durante la investigación muestra que el caso no se interpreta como un episodio aislado, sino como parte de un debate más amplio en el seno de la UE sobre el poder de las grandes plataformas tecnológicas. Normas como el Reglamento de Mercados Digitales (DMA) y el Reglamento de Servicios Digitales (DSA) van precisamente en la línea de limitar prácticas que puedan considerarse abusivas por parte de quienes controlan infraestructuras clave.

En este contexto, el expediente italiano contra Apple sirve de aviso para el resto de grandes compañías tecnológicas que operan en el mercado europeo. A medida que se refuerza la capacidad de supervisión y sanción de las autoridades, resulta más difícil mantener prácticas que puedan interpretarse como una explotación excesiva de una posición dominante, especialmente cuando impactan en sectores tan sensibles como la privacidad y la publicidad.

Para los usuarios europeos, incluidas las personas que utilizan iPhone en España, este tipo de decisiones puede traducirse a medio plazo en un mayor control institucional sobre cómo se gestionan sus datos y sobre las condiciones en las que se les ofrecen apps y servicios digitales. Para el sector tecnológico, en cambio, suponen un recordatorio de que la libertad de fijar las reglas dentro de sus ecosistemas tiene límites marcados por la normativa comunitaria.

La sanción a Apple marca así un nuevo capítulo en la relación, a veces tensa, entre Bruselas y las grandes tecnológicas estadounidenses. Lo que está en juego no es solo una multa concreta, sino la definición del marco de juego para la economía digital en Europa, donde la protección de los usuarios y la defensa de la competencia van de la mano y condicionan cada vez más las decisiones de diseño de productos y servicios.

Con todo este panorama, el caso italiano se convierte en un referente para futuras actuaciones: combina privacidad, publicidad y poder de mercado en un mismo expediente y envía una señal clara a Apple y al resto del sector de que las autoridades europeas están dispuestas a intervenir cuando consideran que el equilibrio entre protección de datos y competencia se rompe en favor de quien controla la plataforma.

regulación App Store UE
Artículo relacionado:
Apple evita sanciones tras los últimos cambios en la App Store exigidos por la regulación europea