Intel podría fabricar futuros chips Apple Silicon M-Series

Última actualización: 30 de noviembre de 2025
Autor: Isaac
  • Apple baraja que Intel fabrique parte de los chips Apple Silicon M de gama de entrada a partir de 2027 usando su nodo 18A/18A-P
  • TSMC seguiría a cargo de los modelos más potentes (Pro, Max, Ultra y serie A), mientras Apple diversifica proveedores
  • El acuerdo implicaría un volumen estimado de hasta 15-20 millones de chips al año y reduciría costes y riesgos de suministro
  • El movimiento refuerza la producción en EEUU y podría tener lecturas políticas y geoestratégicas, sin afectar al diseño propio de Apple

Intel podría fabricar chips Apple Silicon

Lo que hace unos años sonaba a ciencia ficción está cerca de hacerse realidad: Intel podría volver a tener un papel clave en los Mac y iPad, pero no como antes. En lugar de suministrar procesadores x86 como en la era previa a Apple Silicon, la compañía estadounidense pasaría a fabricar parte de los futuros chips M diseñados por Apple.

Según varios informes de la cadena de suministro, encabezados por el analista Ming-Chi Kuo, Apple estaría preparando un movimiento estratégico de calado: encargar a Intel la producción de los chips Apple Silicon de gama de entrada a partir de 2027. Sería un paso importante tanto para la diversificación industrial de Apple como para la reconversión del negocio de fundición de Intel.

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Un giro histórico en la relación Apple-Intel

Durante más de una década, los Mac se apoyaron en procesadores Intel, hasta que en 2020 Apple completó la transición a Apple Silicon basado en arquitectura Arm. Aquello pareció cerrar definitivamente la etapa de Intel en los ordenadores de la compañía de Cupertino, pero las últimas filtraciones apuntan a un inesperado reencuentro entre ambas firmas.

La diferencia clave es que, esta vez, Intel no pondrá el diseño ni la arquitectura, sino únicamente la capacidad de fabricación. Los futuros chips M seguirán siendo desarrollados por los ingenieros de Apple, con sus propias arquitecturas Arm personalizadas y optimizadas para macOS y iPadOS. Intel operaría como una fundición pura, un papel similar al de TSMC.

De materializarse este acuerdo, supondría que Apple vuelve a tener chips «made by Intel» dentro de sus MacBook y iPad, pero con un enfoque radicalmente distinto. No habría vuelta a x86 ni a los viejos problemas de consumo y calor: serían Apple Silicon en toda regla, simplemente producidos en fábricas distintas.

Este giro llama especialmente la atención en Europa y España, donde los MacBook Air y los iPad Pro se han convertido en equipos muy populares

Acuerdo Apple Intel para fabricar chips M

Qué chips fabricaría Intel y con qué tecnología

Las distintas informaciones coinciden en que Intel se encargaría de los chips M de gama baja o de entrada, dejando en manos de TSMC las variantes más potentes. En la práctica, esto significaría que procesadores como los M6 o M7 básicos, destinados a modelos de gran volumen, serían producidos en las plantas de Intel.

Estos chips llegarían a equipos como MacBook Air, algunos iPad Pro o iPad Air y posiblemente Mac de sobremesa de configuración más modesta. Las versiones de mayor rendimiento —como los futuros M7 Pro, M7 Max o incluso las variantes Ultra para MacBook Pro y Mac Studio— seguirían dependiendo de los nodos avanzados de TSMC.

Para dar este salto, Intel usaría su proceso de fabricación más avanzado, conocido como Intel 18A o 18A-P. Se trata de una tecnología de nodo equivalente a unos 2 nanómetros, la misma que la compañía planea utilizar en sus propias familias de procesadores de nueva generación como Panther Lake.

El acuerdo contemplaría, según estimaciones, un volumen de entre 15 y 20 millones de chips M al año fabricados por Intel. Esta cifra resultaría suficiente para cubrir una buena parte de la demanda de portátiles y tablets de Apple en segmentos de entrada y gama media, descargando a TSMC de esa carga de producción.

Calendario previsto: de los M3 actuales al posible M7 hecho por Intel

Para entender los plazos, basta con mirar el ritmo de lanzamiento de Apple Silicon. El Apple M3 llegó en octubre de 2023, el M4 se presentó en mayo de 2024 y el M5 habría debutado en octubre de 2025. Siguiendo esta cadencia, todo apunta a un M6 en torno a 2026 y un M7 situado entre finales de 2027 y principios de 2028.

Ahi es donde encaja Intel. Apple ya habría firmado un acuerdo de confidencialidad con Intel para acceder a una versión preliminar del kit de desarrollo (PDK) del nodo 18A-P. La versión estable de ese kit se espera para comienzos de 2026, lo que permitiría a los ingenieros de Apple afinar el diseño de sus chips sobre ese proceso.

Si no hay retrasos, los primeros Apple Silicon fabricados por Intel podrían empezar a salir de fábrica entre el segundo y el tercer trimestre de 2027. Es decir, en fechas que encajan con la ventana habitual en la que Apple suele introducir una nueva generación de la serie M en sus Mac y iPad.

En el mercado europeo, esto podría traducirse en que los MacBook Air o iPad de gama básica vendidos a partir de finales de 2027 lleguen con chips M7 diseñados en Cupertino pero producidos físicamente en plantas de Intel, previsiblemente en Estados Unidos.

Fabricación de chips Apple Silicon por Intel

Por qué Apple quiere un segundo proveedor además de TSMC

Hasta ahora, TSMC se encarga de fabricar todos los chips de Apple, desde los A-Series de los iPhone hasta los M-Series de Mac y iPad. Este modelo de proveedor único tiene ventajas en coordinación y optimización, pero también trae riesgos evidentes si se tienen en cuenta los cuellos de botella y las tensiones geopolíticas en Asia.

La posible entrada de Intel en la ecuación permitiría a Apple diversificar su cadena de suministro de semiconductores. No se trata de romper con TSMC, sino de complementar sus capacidades. TSMC seguiría quedándose con los chips más complejos y críticos, mientras que Intel asumiría parte del volumen donde el coste y la capacidad de producción pesan más que exprimir al máximo el rendimiento.

Este enfoque mixto ayudaría a reducir la dependencia de Apple de un único socio en un componente tan estratégico como el silicio. En un contexto de posibles restricciones, desastres naturales o tensiones comerciales, disponer de más de una fundición preparada para producir Apple Silicon es una forma clara de mitigar riesgos.

Para el usuario de a pie en España o en cualquier país europeo, esto podría traducirse en menos problemas de stock, lanzamientos más estables y menos subidas de precio repentinas ligadas a escasez de chips, como ya se ha visto en otros sectores tecnológicos y de automoción.

Qué gana Intel con este acuerdo

Para Intel, asegurar a Apple como cliente es mucho más que un contrato más. Supone un espaldarazo a su negocio de fundición, Intel Foundry Services, que busca posicionarse como una alternativa de alto nivel frente a TSMC y Samsung en procesos punteros.

Llevan años arrastrando retrasos y problemas para competir en los nodos más avanzados, y convencer a Apple para que confíe en su nodo 18A significaría demostrar que han recuperado terreno. Fabricar chips Apple Silicon basados en Arm también es un cambio simbólico para una compañía históricamente volcada en la arquitectura x86.

Además, el acuerdo podría abrir la puerta a que otros grandes clientes del sector se planteen seriamente producir parte de sus chips en Intel, si ven que son capaces de sostener el nivel de exigencia de Apple. Eso incluye a compañías como Nvidia, AMD o incluso diseñadores de chips personalizados europeos.

En términos de imagen, pasar de ser el proveedor «abandonado» por Apple en 2020 a convertirse en uno de sus socios clave de fabricación en 2027 sería un cambio radical en la narrativa alrededor de Intel.

Un movimiento con lectura política y geoestratégica

La dimensión política de este posible pacto tampoco es menor. Intel está impulsando de forma agresiva la fabricación de nodos avanzados en territorio estadounidense, apoyada por programas de incentivos públicos y una participación directa del gobierno de Estados Unidos en su financiación.

Para Apple, trasladar parte de la producción de sus chips M a fábricas en Estados Unidos le permite alinearse con la agenda de reindustrialización tecnológica norteamericana. Puede presentar esta decisión como una muestra de compromiso con la fabricación local y con el famoso «Made in America» que tanto se enfatiza desde Washington.

Esto es especialmente útil en un contexto de presión política y regulatoria sobre las grandes tecnológicas. Poder argumentar que una parte clave de sus productos —los chips— se fabrica en suelo estadounidense añade puntos ante cualquier administración, sea cual sea el color político en los próximos años.

Europa, por su lado, observa estos movimientos mientras impulsa sus propios planes para reforzar la industria de semiconductores mediante la European Chips Act. Que Apple diversifique, pero siga concentrando producción avanzada fuera de la UE, pone de relieve el reto que tiene el continente para atraer fábricas de nodos líderes.

Qué pasa con TSMC: continuidad y reparto de papeles

Todos los análisis coinciden en que TSMC seguirá siendo el socio principal de Apple en los chips más avanzados. Es decir, los procesadores destinados a los MacBook Pro, Mac Studio, Mac Pro y los SoC de los iPhone continuarían fabricándose en Taiwán (y, en el futuro, en otras plantas que TSMC tiene en desarrollo).

La idea no es desplazar a TSMC, sino repartir funciones según el tipo de chip y el nivel de rendimiento requerido. Intel asumiría las gamas M de entrada, donde el equilibrio entre coste, eficiencia y capacidad de producción es más importante que exprimir cada milímetro de rendimiento máximo.

Desde el punto de vista comercial, TSMC apenas vería afectada su posición actual. De hecho, parte de los informes señalan que el volumen de pedidos de los chips M menos potentes podría incluso reducirse en favor de otras estrategias de producto, como un posible MacBook con chip de iPhone a partir de 2026.

En cualquier caso, la entrada de Intel introduce un elemento de competencia adicional que, a la larga, podría traducirse en mejores precios y más innovación en procesos de fabricación, algo que beneficia indirectamente a empresas y consumidores en todo el mundo, incluida Europa.

Impacto para usuarios en España y Europa

Desde la perspectiva de un usuario en España, este movimiento puede parecer lejano, pero afecta a aspectos muy concretos del día a día. La disponibilidad de modelos de entrada como el MacBook Air o ciertos iPad en grandes superficies y distribuidores autorizados depende directamente de la capacidad de producción de chips.

Si Apple consigue asegurar una fuente adicional de suministro para sus procesadores M básicos, es más probable que los ciclos de renovación de producto sean regulares y que haya menos roturas de stock en lanzamientos clave. Esto es especialmente relevante en campañas como la «vuelta al cole» o el Black Friday, donde la demanda en España y el resto de Europa se dispara.

Otro punto es el precio. Aunque todavía es pronto para saber si fabricar con Intel reducirá los costes unitarios de los chips, la lógica dice que contar con dos proveedores en competencia debería ayudar a Apple a negociar mejor. Si eso se traduce en márgenes internos o en ligeros ajustes de precio al consumidor es algo que solo se verá con el tiempo.

Por último, la apuesta por nodos avanzados como Intel 18A implica que los usuarios europeos seguirán recibiendo dispositivos con mejoras en eficiencia energética y rendimiento, sin que importe demasiado qué fundición los ha producido, siempre y cuando Apple mantenga su nivel de exigencia en calidad.

Todo apunta a que el posible acuerdo por el que Intel fabricaría parte de los futuros chips Apple Silicon de la serie M marcará un antes y un después en la industria: Apple ganaría en resiliencia y margen de maniobra, Intel reforzaría su papel como fundición de primer nivel y TSMC mantendría su posición en los segmentos más avanzados. Para los usuarios en España y Europa, el resultado más visible podría ser una oferta de Mac y iPad más estable, con ciclos de actualización previsibles y, con suerte, menos sobresaltos en disponibilidad y precios, mientras en segundo plano se reconfigura el mapa global de la fabricación de semiconductores.