- El iMac actual se centra en el modelo de 24 pulgadas con chip M4, priorizando el diseño todo en uno y la simplicidad.
- Existen opciones para diversos perfiles, desde el usuario doméstico hasta profesionales que requieren potencia bruta en modelos reacondicionados o estaciones de trabajo.
- La elección depende del equilibrio entre el presupuesto, la necesidad de movilidad y la potencia del procesador Apple Silicon frente a Intel.
Si estás pensando en dar el salto al ecosistema de Apple o quieres renovar tu equipo de escritorio, es normal que te sientas un poco perdido con tanta variedad de modelos. La realidad es que elegir el Mac adecuado ya no consiste en buscar el más potente del catálogo, sino en encontrar esa máquina que encaje a la perfección con tu ritmo de vida, ya sea que pases el día escribiendo en un café o renderizando vídeos en un estudio.
La transición hacia los procesadores propios de la marca ha cambiado las reglas del juego, haciendo que incluso equipos de hace un par de años sigan siendo una auténtica bestia en rendimiento. En las siguientes líneas vamos a desgranar a fondo el iMac y sus alternativas, para que no tires el dinero y te lleves exactamente lo que necesitas para trabajar o divertirte.
El iMac: La simplicidad del todo en uno

El iMac es, básicamente, la definición de comodidad. No es el equipo más potente de la familia, pero lo que vendes aquí es estética y facilidad de uso. Al ser un ordenador «todo en uno», te olvidas de cables por todos lados ya que la pantalla, el procesador y los altavoces están integrados en una carcasa finísima que parece una pieza de decoración.
Actualmente, la estrella es el modelo de 24 pulgadas con chip M4, que ofrece una pantalla Retina 4.5K impresionante. Este equipo es ideal para quienes buscan un ordenador para el salón, una oficina con atención al público o para profesionales como arquitectos que quieran algo solvente pero elegante. Apple incluye el teclado y el ratón, así que estás listo para arrancar desde el minuto uno.
Versiones y configuraciones del iMac de 24″
Dentro de la gama actual, existen dos caminos principales según lo que necesites hacer con el ordenador:
- Modelo básico: Monta el chip M4 con una GPU de 8 núcleos y dos puertos. Viene con 16 GB de RAM y 256 GB de SSD. Es más que suficiente para tareas de ofimática, navegación y un uso doméstico fluido.
- Modelo avanzado: Sube la apuesta con una GPU de 10 núcleos y cuatro puertos traseros. Además, el teclado incluye Touch ID para desbloquear el equipo con la huella, facilitando mucho la entrada a macOS.
El precio de partida para la configuración base ronda los 1.699 euros, aunque existen opciones para ampliar el almacenamiento hasta los 2 TB si tienes muchos archivos pesados.
Alternativas de sobremesa: Mac mini y Mac Studio
A veces, el concepto todo en uno no es lo que buscamos, ya sea porque ya tenemos un monitor que nos encanta o porque necesitamos una potencia que el iMac no puede dar. Aquí es donde entran los equipos compactos.
Mac mini: El rey de la versatilidad
Para muchos, el Mac mini es la puerta de entrada más inteligente al mundo Apple. Desde unos 664 euros (según configuración M4), permite aprovechar periféricos que ya tengas en casa. Es la opción lógica para quien viene de Windows y no quiere gastar una fortuna. Si necesitas un extra de fuerza, existe la versión con chip M4 Pro, que lo convierte en una estación de trabajo compacta pero brutal para desarrolladores.
Mac Studio y Mac Pro: Potencia para la élite
Si tu trabajo es el montaje de vídeo en 8K, el modelado 3D complejo o la producción musical con cientos de pistas, el Mac Studio es tu sitio. Con chips M4 Max o M3 Ultra y memorias que pueden llegar a los 512 GB, es una máquina diseñada para no moverse del escritorio. Por otro lado, el Mac Pro sigue siendo la opción más extrema, con un formato de torre que permite actualizaciones de hardware y precios que pueden superar los 8.000 euros.
Portátiles para cada perfil: Air y Pro
No podemos hablar de iMacs sin mencionar que, a veces, la libertad de movimiento es primordial. La gama de portátiles se divide ahora en tres conceptos claros.
MacBook Neo y MacBook Air
El nuevo MacBook Neo se ha posicionado como el modelo de referencia para estudiantes y usuarios básicos gracias a su chip A18 Pro y su ligereza. Sin embargo, el MacBook Air sigue siendo la compra maestra para quienes buscan refinamiento. Con el chip M5 y pantallas de 13 o 15 pulgadas, es la herramienta perfecta para periodistas y creadores digitales que valoran la autonomía y un diseño sin ventiladores (silencio absoluto).
MacBook Pro: El estándar profesional
Aquí ya no hablamos de navegar por la web, sino de generar dinero. Los MacBook Pro con chips M5, M5 Pro y M5 Max incluyen ventilación activa para mantener el rendimiento máximo durante horas. Su pantalla Liquid Retina XDR con ProMotion de 120 Hz es la mejor del mercado para fotógrafos y editores que necesitan una precisión de color absoluta.
Consejos finales para no equivocarte en la compra
Antes de pasar la tarjeta, es fundamental analizar tres puntos clave. Primero, el procesador Apple Silicon frente a Intel. Aunque los modelos antiguos de 27 pulgadas con Intel eran potentes, la eficiencia de los chips M1, M2, M3 y M4 es muy superior en consumo y velocidad. Segundo, el presupuesto. Si el dinero es un problema, los equipos reacondicionados son una mina de oro, permitiendo ahorrar hasta un 40% en modelos M1 o M2 que siguen siendo rapidísimos.
Finalmente, piensa en la pantalla. Si no vas a mover el ordenador, un iMac o un Mac mini con un monitor externo te darán mucha más salud postural y espacio de trabajo. Si viajas, el Air es imbatible; si trabajas en renderizado, el Pro es obligatorio.
La gama de Apple en la actualidad ofrece un abanico donde hay un equipo para cada bolsillo y necesidad, desde el económico MacBook Neo hasta el colosal Mac Pro. Ya sea que busques la elegancia integrada del iMac de 24 pulgadas, la potencia bruta del Mac Studio o la portabilidad del MacBook Air, lo primordial es priorizar el flujo de trabajo diario sobre las especificaciones técnicas brutas, asegurando así que la inversión se traduzca en productividad y satisfacción a largo plazo.
