- Alphabet, matriz de Google, supera a Apple en capitalización bursátil por primera vez desde 2019.
- El impulso viene del auge de la inteligencia artificial, Gemini y las inversiones en chips TPU y nube.
- Apple pierde terreno en bolsa en medio de dudas sobre su estrategia de IA y su dependencia del iPhone.
- Nvidia sigue ocupando el primer puesto como compañía más valiosa del mundo, muy por delante de ambas.

El mapa de poder de las grandes tecnológicas ha vuelto a moverse y, esta vez, el giro es significativo: Alphabet, la matriz de Google, ha adelantado a Apple en valor en Bolsa y se coloca como la segunda empresa más valiosa del mundo. El cambio no es solo una anécdota bursátil, sino una señal clara de hacia dónde se está inclinando el interés de los inversores: la inteligencia artificial pesa cada vez más que el negocio clásico del hardware.
Con este movimiento, Apple cede un puesto que durante años ha tenido prácticamente reservado, primero como líder absoluto y, más recientemente, como segunda gran referencia tras la irrupción de Nvidia. El ascenso de Alphabet consolida la sensación de que el mercado está premiando a las compañías mejor posicionadas en IA, tanto en desarrollo de modelos como en infraestructura de cómputo y servicios en la nube.
Alphabet adelanta a Apple: cifras de un sorpasso histórico

El relevo en el podio se ha producido tras una subida cercana al 2,4%-2,5% en las acciones de Alphabet en una única sesión, que impulsó su capitalización hasta alrededor de 3,89 billones de dólares. En paralelo, los títulos de Apple encadenaban varios días de descensos, con caídas diarias de entre el 0,7% y el 1,2%, hasta situar a la compañía en torno a los 3,80-3,85 billones de dólares.
Esta brecha, aunque ajustada, se ha ido ampliando en las jornadas posteriores, con Alphabet acercándose a la simbólica cota de los 4 billones de dólares y Apple perdiendo algo más de fuelle en el parqué. En Europa, la diferencia también se ha dejado notar al cierre de los mercados, consolidando a Google como la nueva número dos mundial por valor de mercado.
El hito tiene un componente histórico: es la primera vez desde 2019 que Alphabet vale más en Bolsa que Apple. Incluso, tomando series más largas de datos, algunas mediciones sitúan el último cruce relevante entre ambas en torno a 2018, antes de que Nvidia irrumpiera con tanta fuerza en lo más alto del ranking global.
Mientras Alphabet avanza, Nvidia sigue liderando con holgura, con una capitalización que ronda los 4,5-4,6 billones de dólares. La fabricante de chips para IA no solo mantiene el trono, sino que ha llegado a superar los 5 billones de dólares de valor, convirtiéndose en la primera y única compañía en rebasar este umbral.
En este contexto, Alphabet se consolida como la segunda compañía más valiosa del mundo y la segunda de las llamadas “Siete Magníficas”, por delante de Apple y por detrás de Nvidia. Microsoft, Amazon, Meta y Tesla completan el grupo, aunque a distancia en términos de capitalización.
El empuje de la inteligencia artificial y el papel de Gemini
La subida de Google no es fruto de un golpe de suerte puntual. Las acciones de Alphabet se han revalorizado más de un 65-66% en el último año, lo que la ha convertido en el valor con mejor comportamiento dentro del reducido club de gigantes tecnológicos. El motor de ese rally es, sobre todo, la percepción de que la compañía ha encontrado su sitio en la carrera por la inteligencia artificial.
Tras unos meses en los que parecía ir a remolque de OpenAI y otros competidores, Alphabet ha encadenado varios hitos con su familia de modelos Gemini. Las versiones más recientes, como Gemini 3.0 o Gemini 3 Pro, han recibido críticas muy positivas y se han colocado entre los modelos más avanzados según bancos de pruebas especializados, por encima de alternativas como Grok, Claude o determinadas variantes de ChatGPT, algo que los inversores no han pasado por alto.
La clave no está solo en la calidad técnica, sino en la forma en que Google ha ido integrando Gemini en productos masivos como Android, Gmail, YouTube o el propio buscador. Esa integración refuerza la idea de un ecosistema cohesionado de IA que puede generar nuevas fuentes de ingresos y consolidar su dominio en búsquedas y publicidad, a la vez que abre la puerta a servicios de pago y soluciones avanzadas en la nube.
Además, la compañía ha logrado disipar buena parte de los temores iniciales que apuntaban a que modelos conversacionales tipo ChatGPT podían canibalizar el negocio de búsqueda tradicional. Por ahora, la estrategia de combinar resultados clásicos con funciones generativas y asistentes basados en Gemini está siendo bien recibida por el mercado, que ve a Alphabet mejor posicionada para defender su principal fuente de ingresos.
La percepción entre algunos analistas es que Google podría terminar erigiéndose en una de las plataformas dominantes de IA, no solo por sus modelos, sino por su infraestructura, su presencia transversal en el ecosistema digital y su capacidad de inversión a gran escala.
Anthropic, chips TPU y la apuesta por la nube
El avance de Alphabet en inteligencia artificial también se apoya en sus inversiones estratégicas en startups como Anthropic, uno de los grandes rivales de OpenAI. Esta compañía, fundada por antiguos empleados de la propia OpenAI, se ha convertido en una de las estrellas del sector y planea nuevas rondas de financiación muy ambiciosas.
Según diferentes informaciones de medios especializados internacionales, Anthropic estaría buscando levantar unos 10.000 millones de dólares adicionales, con una valoración objetivo que podría acercarse a los 350.000 millones de dólares. La firma prevé triplicar ingresos, apuntando a cifras de varios miles de millones de dólares en el corto plazo y objetivos mucho más altos hacia 2028.
Detrás de esta escalada está el enorme coste de la computación necesaria para entrenar y desplegar modelos avanzados de IA. Las necesidades de Anthropic en infraestructura podrían rondar los 60.000 millones de dólares en tres años, una factura que, en buena parte, se canaliza a través de los servicios en la nube de Google. Para Alphabet, esto se traduce en un círculo virtuoso: invierte en una compañía puntera, contribuye a su crecimiento y, al mismo tiempo, se beneficia del aumento de demanda en su división de cloud.
En este frente, Google ha decidido no limitarse a vender capacidad de cómputo genérica. Sus unidades de procesamiento tensorial (TPU), diseñadas específicamente para IA, se han convertido en una pieza central de su estrategia para competir con el casi monopolio de Nvidia en chips para centros de datos. La compañía ha anunciado acuerdos relevantes, como el suministro de hasta un millón de chips TPU a Anthropic y el interés de Meta en utilizar esta tecnología en sus propios centros de datos.
Algunos análisis apuntan a que si las divisiones de TPU y DeepMind se separasen de Alphabet, podrían alcanzar una valoración conjunta cercana al billón de dólares. De confirmarse, supondría un respaldo adicional a la narrativa de que el valor de Google ya no depende únicamente de la publicidad, sino también de su papel como proveedor de infraestructura crítica para la era de la IA.
Waymo, robotaxis y negocios más allá de la publicidad
La apuesta de Alphabet por diversificar su negocio también se deja ver en proyectos como Waymo, su filial de vehículos autónomos. Aunque todavía se encuentra en una fase menos madura que la publicidad o la nube, la compañía lidera el mercado estadounidense de servicios de robotaxis y busca consolidar su ventaja antes de una posible expansión a otros países, incluida Europa, cuando la regulación lo permita.
Waymo está trabajando para captar más de 15.000 millones de dólares en nuevas rondas de financiación, con una valoración potencial que podría situarse en torno a los 110.000 millones. Este tipo de cifras refuerza la idea de que el conglomerado de Alphabet es algo más que Google Search y YouTube, y que su cartera de negocios emergentes puede convertirse en una fuente relevante de ingresos futuros.
En paralelo, la división de nube de Alphabet sigue creciendo apoyada tanto en clientes corporativos tradicionales como en empresas nativas de IA que necesitan enorme capacidad de cómputo. El flujo de caja libre de la compañía en los últimos doce meses se ha situado por encima de los 70.000 millones de dólares, incluso tras fuertes inversiones en centros de datos especializados.
Este músculo financiero permite a Alphabet invertir cantidades muy elevadas en infraestructura, adquisiciones y recompras de acciones, sin perder del todo el atractivo de su balance. No obstante, algunos analistas advierten de que el incremento de las inversiones ligadas a la IA, sumadas a operaciones corporativas y dividendos, podrían restar parte de la solidez financiera percibida a medio plazo.
Apple: un gigante sólido pero bajo presión por la IA
Mientras Alphabet acelera, Apple atraviesa una etapa más discreta en Bolsa. Sus acciones avanzaron alrededor de un 8-9% el último año, claramente por debajo del conjunto del mercado tecnológico y de otras grandes compañías ligadas a la inteligencia artificial. En el arranque del nuevo ejercicio, la cotización ha llegado incluso a retroceder varios puntos porcentuales, lo que ha contribuido al cambio de posiciones en el ranking mundial.
Apple sigue siendo la marca de smartphones más vendida del planeta, una posición que consolidó en 2023 y que ha mantenido posteriormente, con el iPhone como principal motor de ingresos y beneficios. Sin embargo, esa fortaleza no ha sido suficiente para evitar que el mercado perciba a la empresa como más dependiente del hardware y algo rezagada en servicios de IA respecto a rivales como Google, Microsoft o la propia Nvidia.
La compañía de Cupertino ha apostado por su propio enfoque con Apple Intelligence, pero el despliegue está siendo más gradual y conservador de lo que algunos inversores esperaban. La actualización profunda de Siri con capacidades de IA generativa se ha visto retrasada en varias ocasiones, hasta el punto de que se ha llegado a señalar internamente este proyecto como uno de los motivos de cambios directivos en el área.
A estas dudas se suman factores externos que pesan sobre las expectativas de crecimiento, como las tensiones geopolíticas con China y la necesidad de diversificar la producción hacia otros países, algo que eleva los costes y añade incertidumbre sobre los márgenes futuros.
En cualquier caso, el consenso de los analistas sigue viendo en Apple un valor con potencial de revalorización a medio plazo, impulsado por su base de usuarios fieles, la expansión de servicios (App Store, iCloud, Apple Music, etc.) y posibles nuevos dispositivos o formatos que todavía no han llegado al mercado. Sin embargo, a corto plazo, la comparación con el empuje de Alphabet en IA no le favorece.
Europa, España y el impacto del nuevo orden tecnológico
El sorpasso de Google sobre Apple no solo es relevante para Wall Street, también tiene implicaciones para Europa y para países como España, muy dependientes de las grandes plataformas digitales estadounidenses en ámbitos como la publicidad online, la nube o los servicios móviles, y episodios como la presión en Alemania para la retirada de Deepseek ilustran algunas de las tensiones regulatorias y de privacidad que han surgido.
Por un lado, el refuerzo de Alphabet como segundo gigante mundial llega en plena aplicación del Reglamento de Servicios Digitales (DSA) y el Reglamento de Mercados Digitales (DMA) en la Unión Europea, que buscan limitar el poder de las llamadas “plataformas muy grandes” y garantizar una competencia más equilibrada, y también en paralelo con acontecimientos como la apertura de iOS en Japón a tiendas de apps de terceros. Google está en el centro de muchas de estas normas, lo que implica ajustes en resultados de búsqueda, condiciones para anunciantes y tratamiento de datos.
En paralelo, el desarrollo de la inteligencia artificial generativa ha llevado a Bruselas a impulsar la Ley de IA europea, que establece obligaciones específicas en transparencia, seguridad y uso de datos. Tanto Alphabet como Apple deberán adaptar sus productos y servicios a este nuevo marco si quieren ampliar o mantener su presencia en el mercado comunitario.
Desde la perspectiva española, el dominio de Alphabet en servicios como Google Search, YouTube, Android o Google Cloud influye directamente en empresas, administraciones y usuarios. El auge de Gemini y de sus chips TPU puede traducirse en una mayor oferta de herramientas de IA accesibles desde Europa, aunque siempre condicionadas por las exigencias regulatorias y las preocupaciones sobre privacidad y soberanía digital.
Al mismo tiempo, el menor brillo bursátil de Apple no ha impedido que sus dispositivos sigan siendo muy populares en España y en otros países europeos, especialmente en los segmentos de gama alta. El reto para la compañía será convencer de que su propuesta de IA integrada en el ecosistema Apple —más centrada en la privacidad y en el procesamiento en el propio dispositivo— puede competir con el despliegue más agresivo de Google y otros rivales.
La nueva realidad del mercado, con Alphabet superando a Apple como segunda empresa más valiosa del mundo y Nvidia firmemente asentada en el primer puesto, dibuja un escenario en el que la inteligencia artificial marca el ritmo y condiciona las valoraciones. Google se beneficia de un ecosistema que combina modelos avanzados como Gemini, chips propios TPU, una nube en expansión y apuestas de futuro como Waymo o Anthropic; Apple, por su parte, mantiene un negocio robusto apoyado en el iPhone y sus servicios, pero se ve obligada a acelerar su hoja de ruta en IA si no quiere quedar descolgada en la narrativa que hoy domina los mercados.
