- El dispositivo adoptará un diseño tipo libro con una pantalla interna de 7,8 pulgadas y una externa de 5,5 pulgadas.
- Se espera que Apple sustituya el Face ID por un sensor Touch ID lateral debido al grosor extremo del terminal.
- El lanzamiento principal se prevé para finales de 2026 con un precio que podría superar los 2.000 euros.
- Filtraciones en el código de iOS 27 confirman funciones específicas para gestionar el ángulo de apertura de la pantalla.
Llevamos años escuchando que si Apple se lanza o no a la piscina de los teléfonos que se doblan, pero lo cierto es que el primer iPhone plegable está dejando de ser un mito para convertirse en una realidad palpable. Aunque en Cupertino suelen tomarse las cosas con calma para no dar un paso en falso, las filtraciones más recientes indican que la maquinaria ya está a pleno rendimiento para presentar un dispositivo que rompa con todo lo visto anteriormente. No se trata solo de seguir la corriente de marcas como Samsung o Huawei, sino de ofrecer una experiencia pulida que justifique ese aura de exclusividad que rodea a la manzana.
El secretismo habitual de la compañía ha empezado a agrietarse debido a los rastros encontrados en las betas de sus sistemas operativos. El hecho de que ya aparezcan **referencias directas en el código de iOS 27** sobre el estado del plegado y los ángulos de inclinación de la bisagra nos da una pista definitiva de que el hardware ya está en una fase de pruebas muy avanzada. En el mercado europeo, donde la competencia de terminales plegables es feroz, Apple busca entrar por la puerta grande con un producto que, según los rumores, podría acabar llamándose iPhone Ultra, dejando atrás la denominación Fold para posicionarse como el escalón más alto de su catálogo.
Un diseño que apuesta por la amplitud y la delgadez
Si hablamos de su aspecto físico, todo apunta a que Apple ha optado por un formato tipo libro que recuerda más a un bloque compacto que a los diseños alargados de la competencia. Al desplegarlo, nos encontraríamos con una **pantalla interior de 7,8 pulgadas**, un tamaño que lo sitúa peligrosamente cerca de lo que ofrece un iPad mini, pero con la ventaja de poder llevarlo en el bolsillo. Cerrado, el teléfono sería bastante ancho, casi cuadrado, permitiendo que su panel externo de 5,5 pulgadas sea totalmente funcional para el día a día sin que sintamos que nos falta espacio.
Uno de los grandes desafíos de este tipo de terminales es la durabilidad y, sobre todo, la estética de la pantalla. Apple parece estar obsesionada con eliminar la arruga central del panel a toda costa, utilizando para ello materiales avanzados como el cristal ultra fino (UTG) y una placa metálica reforzada bajo el panel OLED. La idea es que la transición entre el modo abierto y cerrado sea lo más suave posible, evitando que el usuario note ese pequeño hundimiento que todavía persiste en muchos modelos actuales de otras marcas.
En cuanto a sus dimensiones, el reto es mayúsculo. Se rumorea que el dispositivo abierto tendrá un **grosor de apenas 4,5 a 4,9 milímetros**, una cifra de auténtica locura que obligará a rediseñar muchos de los componentes internos. Para lograr este perfil tan estilizado, la compañía habría tenido que emplear una bisagra de metal líquido y chasis de titanio en las zonas de mayor tensión, combinando así ligereza con una resistencia estructural capaz de aguantar miles de aperturas sin rechistar.
Potencia de sobra y tecnología adaptada
Bajo el capó, este iPhone Ultra no se andará con chiquitas. Lo más probable es que estrene el **futuro chip A20 Pro**, fabricado en un proceso de dos nanómetros que promete una eficiencia energética brutal. Este procesador vendría acompañado de unos generosos 12 GB de memoria RAM, necesarios para mover con soltura las nuevas funciones de inteligencia artificial y la multitarea avanzada que permite una pantalla de casi ocho pulgadas. Al fin y al cabo, de nada sirve tener mucha superficie de trabajo si el sistema no es capaz de gestionar varias apps a la vez con fluidez.
La batería es otro de los puntos que siempre genera dudas en los plegables, pero parece que en Cupertino han encontrado la fórmula para integrar una celda de unos **5.500 mAh de capacidad**. Esto debería ser más que suficiente para aguantar una jornada intensa, especialmente si tenemos en cuenta que los paneles OLED LTPO de 120 Hz que montará son extremadamente eficientes a la hora de refrescar la imagen. Se trata de un equilibrio complicado entre delgadez y autonomía, pero Apple suele dar en el clavo cuando se trata de optimizar el consumo de energía.
En lo que respecta al apartado fotográfico, la falta de espacio físico debido a la extrema delgadez del chasis podría obligar a algunos sacrificios. Las malas lenguas dicen que **no incluirá un sensor teleobjetivo**, limitándose a una configuración de doble cámara trasera con un gran angular y un ultra gran angular, ambos de 48 megapíxeles. Es el precio a pagar por tener un diseño tan vanguardista; a veces no se puede meter todo lo que uno quisiera en un cuerpo tan fino sin que la cámara sobresalga de manera exagerada.
Seguridad y precio: un capricho no apto para todos
Uno de los cambios más comentados y que podría chocar a los usuarios más fieles es la vuelta del lector de huellas. Debido a que los sensores del Face ID ocupan demasiado espacio para un chasis tan delgado, Apple optaría por un sensor Touch ID en el botón lateral, similar al que ya hemos visto en los iPad Air. Es una solución práctica que funciona de maravilla y que permite desbloquear el teléfono rápidamente tanto si lo tenemos abierto sobre la mesa como si lo estamos usando cerrado con una sola mano.
El software también jugará un papel crucial para diferenciar este producto. Con la llegada de iOS 27, se espera que el sistema sea capaz de detectar el **ángulo exacto de la bisagra** para adaptar la interfaz. Por ejemplo, si dejamos el móvil entreabierto a 90 grados, la parte inferior de la pantalla podría convertirse en un teclado o en un panel de control para vídeos, sacando provecho a su versatilidad. En Europa, habrá que ver cómo se integran estas novedades con las restricciones de la UE, pero la base tecnológica ya está lista.
Como era de esperar, toda esta innovación tendrá un coste prohibitivo para el gran público. Los analistas coinciden en que el precio de partida superará los 2.000 euros en España, situándolo como el teléfono más caro de la historia de la compañía. Se trata de un dispositivo aspiracional, casi un experimento de lujo para quienes quieran estar a la última. Su lanzamiento se estima para finales de 2026, aunque no se descarta que las unidades sean limitadas al principio debido a la complejidad que conlleva fabricar semejante pieza de ingeniería.
El panorama de la telefonía móvil está a punto de cambiar con la incursión de Apple en este segmento, un movimiento que promete revitalizar el interés por las pantallas flexibles. Con un hardware de infarto liderado por el nuevo chip y un software diseñado específicamente para exprimir cada milímetro de sus paneles, el futuro iPhone plegable busca demostrar que la espera ha merecido la pena. A pesar de que todavía quedan detalles por pulir y de que el desembolso económico será importante, todo indica que nos encontramos ante el comienzo de una nueva era para los seguidores de la marca que buscan algo más que un smartphone convencional.


