- El iPhone Air registra una demanda muy por debajo de lo previsto y provoca fuertes recortes de producción
- Su diseño ultradelgado obliga a recortar batería y cámaras, algo que los usuarios no aceptan pese al precio elevado
- Apple y Samsung frenan la apuesta por móviles ultrafinos y los fabricantes chinos cancelan proyectos similares
- La industria replantea sus diseños futuros priorizando autonomía, cámaras y durabilidad frente a la extrema delgadez
El iPhone Air, el primer móvil ultradelgado de Apple, no está cumpliendo las expectativas comerciales que la propia compañía y el sector habían puesto en él. Pese a la fuerte campaña de lanzamiento y al tirón habitual de la marca, los datos de distribución y producción apuntan a que el modelo ha despertado menos interés del previsto entre los compradores.
Este tropiezo llega en un momento en el que Apple roza máximos de envíos globales de iPhone y consolida su posición frente a Samsung en el mercado mundial de smartphones. Sin embargo, el caso concreto del iPhone Air está sirviendo de aviso no solo para la firma de Cupertino, sino también para fabricantes europeos y asiáticos que estaban preparando sus propios modelos ultrafinos.
Un iPhone ultrafino que no convence al gran público

El iPhone Air se presentó como la gran apuesta de diseño de Apple desde la generación del iPhone X, con un grosor que ronda los 5,6-6,6 mm según las distintas configuraciones y mercados. Sobre el papel, la propuesta buscaba recuperar el impacto visual de los productos más icónicos de la marca, con un perfil extremadamente fino y un peso muy contenido.
El problema es que esa delgadez ha venido acompañada de concesiones claras: batería de menor capacidad, solo una cámara trasera y algunas funciones recortadas frente a los modelos estándar y Pro. En la práctica, el terminal se percibe más como un “escaparate de diseño” que como un iPhone completo para el día a día.
Todo ello se agrava con el precio. El iPhone Air parte de 999 dólares, una tarifa que en Europa se traduce en cifras muy cercanas a las de un iPhone 17 o incluso a las de la gama Pro, que ofrecen mejores cámaras, más autonomía y un conjunto de prestaciones más equilibrado. Muchos consumidores terminan optando por los modelos superiores al ver que, por poco más, obtienen un dispositivo más versátil.
En mercados clave como Estados Unidos y China, las unidades vendidas del iPhone Air se sitúan muy por debajo de lo esperado. En algunos informes se indica que, en las primeras semanas tras el lanzamiento, el Air apenas alcanzó una fracción de las ventas del iPhone 17, quedándose por debajo del 10 % de los envíos de la gama principal.
La sensación general entre analistas del sector es que el dispositivo ha llegado en un momento en el que el usuario medio prioriza autonomía, cámara y durabilidad por encima de ganar un par de milímetros de grosor. La idea del móvil ultrafino puede resultar llamativa de entrada, pero a la hora de sacar la cartera pesan más las prestaciones prácticas.
Ajustes drásticos en la producción y la cadena de suministro

La respuesta de Apple a estas bajas ventas del iPhone Air ha sido rápida y contundente. Diversas fuentes de la cadena de suministro en Asia apuntan a que la compañía ha ordenado una reducción muy significativa de la producción del modelo, hasta el punto de llevarla a niveles que se asocian habitualmente con el final de ciclo de un dispositivo.
Foxconn, principal socio de ensamblaje de Apple, habría apagado o desmantelado buena parte de las líneas específicas del iPhone Air pocos meses después del lanzamiento. El objetivo sería evitar un exceso de inventario y redirigir capacidad productiva hacia los iPhone 17 y 17 Pro, que mantienen un ritmo de ventas mucho más sólido en Europa y el resto del mundo.
Otros proveedores clave, como Luxshare, también habrían frenado el montaje de componentes y ajustado contratos a largo plazo. En algunos casos se habla incluso de cancelaciones de pedidos relacionados con piezas diseñadas en exclusiva para el Air, una señal clara de que Apple está replanteando la continuidad del proyecto tal y como se concibió inicialmente.
Firmas de análisis como Mizuho Securities describen la situación como un escenario de “demanda de fin de ciclo” a los pocos meses de la salida al mercado. Este comportamiento es poco habitual en un modelo completamente nuevo de Apple, y refuerza la idea de que la fórmula del móvil ultradelgado no ha conectado con lo que el público está buscando ahora mismo.
Mientras tanto, los canales de venta en Europa y otros mercados informan de un mayor movimiento en las gamas más tradicionales de Apple, especialmente en los modelos Pro, que han logrado mantener un equilibrio entre diseño, rendimiento y autonomía más cercano a las preferencias actuales.
Efecto dominó: las marcas chinas pisan el freno con los ultrafinos
El flojo rendimiento del iPhone Air no solo afecta a Apple. En el ecosistema Android, varias compañías asiáticas habían empezado a trabajar en sus propios modelos “Air” o ultrafinos, inspirados directamente en el concepto de la marca californiana.
Según fuentes de la industria, Xiaomi estaba desarrollando un terminal muy delgado que aspiraba a competir de tú a tú con el iPhone Air. El proyecto se encontraba en fase de prototipo, pero habría sido congelado o directamente cancelado al ver los primeros datos de ventas del modelo de Apple y el escaso interés real por este tipo de diseño.
Vivo, por su parte, consideraba llevar diseños extremadamente finos a su serie de gama media S. Sin embargo, el revés del iPhone Air habría provocado una reconsideración completa de la estrategia, con una reorientación de recursos hacia móviles con mayor batería y sistemas de cámaras más completos.
Oppo también habría detenido las pruebas de chasis muy delgados para futuros buques insignia, optando por mejoras iterativas sobre sus gamas ya consolidadas. Incluso Huawei, que exploraba variantes ligeras y finas en su catálogo, estaría siguiendo de cerca la reacción del mercado antes de dar pasos más agresivos en esa dirección.
En conjunto, estas decisiones reflejan un cambio de prioridades: los fabricantes chinos, que suelen moverse rápido cuando detectan una oportunidad, han interpretado el tropiezo del iPhone Air como una señal de riesgo. En lugar de lanzarse a copiar el formato, apuestan por un enfoque más prudente que combine diseño atractivo con batería generosa, cámaras versátiles y durabilidad.
Samsung también se quema con la apuesta ultradelgada
La experiencia de Samsung va en la misma línea. La surcoreana había probado suerte con un modelo Galaxy S25 Edge de perfil muy fino, concebido como respuesta directa a la tendencia “Air”. Las ventas, sin embargo, tampoco habrían estado a la altura de las previsiones.
Según las filtraciones, el rendimiento comercial del S25 Edge ha llevado a Samsung a recortar producción y abandonar los planes de un sucesor inmediato. El Galaxy S26 Edge, que se daba casi por hecho en los calendarios internos, habría sido cancelado antes de ver la luz.
En su lugar, Samsung estaría reforzando su hoja de ruta con modelos de corte más tradicional, como la línea Galaxy S26 “no Edge”, y con un mayor énfasis en segmentos donde detecta más margen de crecimiento, como los plegables y los dispositivos de gama alta con baterías más grandes y cámaras avanzadas.
La coincidencia de dos gigantes como Apple y Samsung retirándose, al menos temporalmente, de la senda de los móviles extremadamente finos lanza un mensaje claro al resto de la industria: la delgadez extrema, por sí sola, no es un argumento de compra suficiente cuando exige renunciar a autonomía o a un módulo de cámara competitivo.
En encuestas recientes de mercado, solo una minoría reducida de usuarios afirma que el grosor del teléfono es su prioridad principal. La mayoría se inclina por un equilibrio razonable en torno a los 8 mm, donde aún se puede mantener un diseño estilizado sin comprometer tanto el hardware interno.
Planes de rediseño y futuro incierto para el iPhone Air
Ante este escenario, en Cupertino ya se estudian posibles cambios profundos para una eventual segunda generación del iPhone Air. Diversas fuentes apuntan a que Apple habría paralizado o ralentizado el desarrollo del sucesor directo para replantear el enfoque del producto.
Entre las ideas sobre la mesa se encontraría la incorporación de una segunda cámara trasera, algo prácticamente estándar incluso en gamas medias de Android, así como ajustes internos para ganar autonomía sin renunciar por completo a un diseño delgado.
También se mencionan posibles mejoras en el audio estéreo y en la gestión térmica, dos apartados en los que un chasis tan fino obliga a trabajar con márgenes muy ajustados. El reto para Apple es lograr que el Air deje de ser percibido como un “capricho de diseño” y se acerque más a un iPhone completo que simplemente es algo más estilizado.
Mientras tanto, el foco comercial de la compañía sigue puesto en la gama principal: modelos como el iPhone 17 y el iPhone 17 Pro concentran el grueso de las ventas y son los que están sosteniendo las buenas cifras globales de envíos de la marca. El Air queda en un segundo plano, como un experimento que no ha terminado de cuajar.
En Europa, donde los consumidores suelen mirar de cerca la relación calidad-precio, el posicionamiento del iPhone Air se vuelve aún más complicado. Con una competencia fuerte de Android de gama alta y opciones de Apple más equilibradas por un poco más de dinero, el margen para un modelo tan de nicho es reducido.
Lecciones para el mercado: diseño sí, pero no a cualquier precio
Lo ocurrido con el iPhone Air está sirviendo como caso práctico de los límites del diseño extremo en el mundo del smartphone. El sector llevaba años estirando el concepto de “más fino, más ligero”, pero el episodio apunta a que se ha tocado techo en lo que los usuarios están dispuestos a sacrificar.
Los avances en materiales y baterías de nueva generación, como algunas soluciones basadas en silicio o diseños más compactos de placas internas, no han sido suficientes para compensar las exigencias del uso real. Con jornadas intensas de pantalla, redes 5G y cámaras cada vez más potentes, el espacio interno sigue siendo un recurso muy valioso.
Por eso, muchos fabricantes han empezado a reorientar su innovación hacia formatos híbridos, como los plegables y enrollables, o hacia mejoras menos visibles como la eficiencia energética, la refrigeración y la durabilidad del chasis. La obsesión por el grosor pasa a un segundo plano frente a criterios como la autonomía, la resistencia a golpes y agua, o la calidad del sistema de cámaras.
Los próximos grandes escaparates del sector, como el Mobile World Congress en Europa, serán una buena piedra de toque para comprobar hasta qué punto las marcas han tomado nota de la experiencia de Apple y Samsung con los ultrafinos. Todo apunta a que veremos diseños delgados, sí, pero no tan extremos como los que se habían dejado entrever en filtraciones de los últimos meses.
Con todo este contexto, el iPhone Air se queda como un recordatorio de que no basta con sorprender en la vitrina: si el usuario siente que pierde batería, cámara o robustez a cambio de un teléfono más fino, la balanza se inclina hacia opciones más convencionales. La industria parece haber recibido el mensaje y, al menos por ahora, las grandes apuestas vuelven a centrarse en móviles equilibrados, aunque eso implique aceptar unos milímetros extra en el bolsillo.