- Un ensayo clínico en Ámsterdam con 437 mayores de 65 años comparó Apple Watch frente a atención estándar en la detección de fibrilación auricular.
- Con el reloj se identificaron arritmias en un 9,6% de participantes, frente al 2,3% del grupo con seguimiento convencional.
- El 57% de los casos detectados con Apple Watch no presentaban síntomas, lo que abre la puerta a prevenir ictus en pacientes que se creen sanos.
- La monitorización continua con PPG y ECG mejora el cribado, aunque genera falsos positivos que deben ser filtrados por el sistema sanitario.
En los últimos años, los relojes inteligentes con funciones cardiacas avanzadas han pasado de ser un simple accesorio tecnológico a convertirse en una posible herramienta de apoyo para la medicina. Uno de los campos donde más se está notando este cambio es en la detección de la fibrilación auricular, una arritmia muy frecuente que aumenta de forma notable el riesgo de ictus.
Un conjunto de estudios recientes, encabezados por un ensayo clínico realizado en el Centro Médico Universitario de Ámsterdam (Amsterdam UMC) y publicado en el Journal of the American College of Cardiology, apunta a que el Apple Watch podría jugar un papel relevante en el cribado de estas arritmias en personas mayores y con alto riesgo vascular. Se trata de un escenario especialmente interesante para sistemas sanitarios europeos como el español, donde el envejecimiento poblacional y la carga de enfermedad cardiovascular van en aumento.
Un ensayo clínico en el mundo real con pacientes mayores y de alto riesgo

El trabajo del Amsterdam UMC se diseñó como un ensayo clínico aleatorizado en condiciones reales, es decir, fuera del entorno controlado de un laboratorio. Los investigadores reclutaron a 437 personas de 65 años o más, todas ellas con un riesgo elevado de ictus, un perfil muy similar al de muchos pacientes que se ven a diario en atención primaria y consultas de cardiología en España y en otros países europeos.
Los participantes se dividieron en dos grupos de forma equilibrada: 219 personas recibieron un Apple Watch y se les pidió que lo utilizaran unas 12 horas al día, mientras que las otras 218 continuaron con la atención estándar, basada en visitas médicas habituales, electrocardiogramas puntuales y pruebas adicionales cuando aparecían síntomas o existía sospecha clínica.
El seguimiento se prolongó durante seis meses completos. Durante ese tiempo, el grupo con reloj inteligente contó con una monitorización prácticamente continua de la frecuencia y el ritmo cardiacos, mientras que el grupo de control dependió de los controles convencionales, que ofrecen una «foto fija» de pocos segundos en cada ECG.
Los autores subrayan que se trata de un estudio con tamaño de muestra moderado, 437 participantes y mediana de edad en torno a 75 años. Es decir, las conclusiones se ajustan sobre todo a personas mayores con alto riesgo vascular; una cohorte con características distintas podría arrojar cifras algo diferentes, aunque los investigadores consideran que las tendencias principales serían similares.
Cuatro veces más arritmias detectadas con Apple Watch

Los resultados al cabo de los seis meses fueron muy claros: en el grupo que utilizó el reloj de Apple, se diagnosticó una arritmia cardiaca en 21 pacientes, en su mayoría fibrilación auricular. En el grupo que recibió solo la atención estándar se identificaron 5 casos de arritmia.
Traducido en términos prácticos, los médicos detectaron problemas de ritmo unas cuatro veces más a menudo entre quienes llevaban el Apple Watch que entre quienes siguieron únicamente los controles habituales. Esta diferencia fue estadísticamente significativa y respalda la idea de que la monitorización prolongada desde la muñeca permite sacar a la luz alteraciones que, de otra manera, se habrían pasado por alto.
Hay un dato que ha llamado especialmente la atención de la comunidad médica: de los 21 pacientes del grupo con Apple Watch, en torno al 57 % no presentaba síntomas en el momento del diagnóstico. Es decir, eran personas que se encontraban bien, sin palpitaciones llamativas ni molestias claras, y que probablemente no habrían acudido al médico por iniciativa propia.
En el grupo con atención estándar la situación fue muy distinta: las cinco personas en las que se detectó una arritmia sí referían síntomas evidentes, lo que pone de manifiesto que, sin monitorización continua, el sistema tiende a identificar sobre todo los casos más ruidosos, mientras que los cuadros silenciosos permanecen sin diagnosticar.
Si se miran las cifras en proporción, el grupo con reloj alcanzó una tasa de detección de fibrilación auricular cercana al 9,6 % en seis meses, frente a aproximadamente un 2,3 % en el grupo de control. Esta diferencia cuantifica el salto que puede suponer pasar de pruebas puntuales a un seguimiento constante.
Por qué la fibrilación auricular se escapa a los controles clásicos

La arritmia protagonista de estos trabajos es la fibrilación auricular, el trastorno de ritmo más frecuente en adultos mayores. En esta situación, las aurículas —las cavidades superiores del corazón— dejan de contraerse de forma coordinada y pasan a temblar de manera caótica, lo que provoca un latido irregular.
Los cardiólogos explican que el interior de la aurícula no es una superficie lisa, sino que presenta crestas, pliegues y pequeñas bolsas. Cuando la pared auricular ya no se contrae con fuerza y solo “tiembla”, la sangre puede estancarse en esos recovecos y formar coágulos. Si uno de esos coágulos se desprende y viaja hasta el cerebro, puede obstruir una arteria y causar un ictus.
Las grandes sociedades científicas, como la Asociación Americana del Corazón y sus homólogas europeas, alertan de que la fibrilación auricular multiplica por cinco el riesgo de ictus. El inconveniente es que aproximadamente la mitad de los casos son intermitentes y con frecuencia no dan síntomas llamativos, o estos se confunden con cansancio, estrés o falta de forma.
Cuando una persona se hace un electrocardiograma convencional en la consulta o en urgencias, el profesional solo dispone de unos segundos de registro del ritmo cardiaco. Si justo en ese instante no coincide un episodio de fibrilación, el ECG será normal y el diagnóstico se aplaza, aunque el problema siga apareciendo de manera esporádica en otros momentos del día o de la noche.
Por eso, incluso en países con buena cobertura sanitaria, muchos pacientes con fibrilación auricular siguen sin diagnosticar hasta que sufren un ictus o una complicación seria. En este contexto, contar con dispositivos capaces de registrar el pulso y el ritmo de forma continuada puede marcar la diferencia.
PPG, ECG y monitorización continua: qué aporta el Apple Watch
La apuesta de Apple por la salud cardiaca dio un salto importante en 2018 con la llegada del Apple Watch Series 4. A partir de ese modelo se incorporaron dos funciones clave: la app de electrocardiograma (ECG) y las notificaciones de ritmo cardiaco irregular, que se han mantenido y refinado en generaciones posteriores del reloj.
El dispositivo combina dos tecnologías principales. Por un lado, la fotopletismografía (PPG), que mide la frecuencia cardiaca de manera continuada mediante un sensor óptico en la muñeca. Por otro, un ECG de una sola derivación, que el usuario puede activar apoyando un dedo en la corona digital para obtener un trazado básico de la actividad eléctrica del corazón.
La PPG permite identificar patrones de pulso que se alejan de un ritmo regular y, si detecta irregularidades sospechosas, el reloj puede generar una notificación de posible arritmia. La función de ECG, por su parte, ofrece un registro sencillo que, sin sustituir a un electrocardiograma clínico completo, resulta útil para detectar fibrilación auricular y otras alteraciones frecuentes.
Frente a otros sistemas de monitorización prolongada, como los holter con electrodos adhesivos y monitores voluminosos o los registradores implantables de corta duración, el smartwatch tiene la ventaja de integrarse mejor en la rutina diaria. La mayoría de usuarios lo lleva puesto muchas horas al día casi sin pensarlo, lo que multiplica la probabilidad de capturar episodios esporádicos.
Los investigadores del Amsterdam UMC recuerdan que ya existían dispositivos wearables capaces de registrar tanto el pulso como la actividad eléctrica cardiaca, pero no se había estudiado bien su eficacia para el cribado de pacientes con mayor riesgo de fibrilación auricular en un entorno real. Este ensayo viene precisamente a cubrir ese hueco y a poner números a una intuición que muchos clínicos ya tenían.
Más detección, pero también falsos positivos que el sistema debe gestionar
El análisis detallado del estudio muestra que el Apple Watch no es infalible. Casi la mitad de las alertas que generó el reloj durante los seis meses resultaron ser falsos positivos, es decir, avisos que no se confirmaron como fibrilación auricular ni como otra arritmia clínicamente relevante una vez realizadas las pruebas médicas.
Desde la óptica clínica, estos falsos positivos suponen sobre todo una mayor carga de consultas y pruebas complementarias para comprobar si realmente existe un problema. También pueden generar cierta inquietud en los usuarios, que al recibir un aviso sobre su corazón tienden, lógicamente, a preocuparse.
Los especialistas matizan, sin embargo, que más allá de esa posible ansiedad y del tiempo invertido en la evaluación, no se han observado efectos adversos directos asociados a las alertas. La tecnología prioriza la sensibilidad —detectar cuantos más casos potenciales mejor— a costa de sacrificar algo de especificidad.
En sistemas sanitarios sometidos a una fuerte presión asistencial, como ocurre en buena parte de Europa, esto abre un debate inevitable: cómo integrar de forma ordenada las notificaciones procedentes de relojes inteligentes en los circuitos de atención, de modo que se prioricen los casos realmente sospechosos sin saturar innecesariamente las consultas.
En todo caso, los autores del trabajo insisten en que, aunque el reloj puede identificar bien patrones compatibles con fibrilación auricular, la confirmación diagnóstica debe hacerse siempre en un entorno médico, con registros de mayor calidad y valoración especializada. El Apple Watch actúa como un “detector temprano” y no como una herramienta de diagnóstico definitivo.
Impacto potencial en la prevención de ictus y en los costes sanitarios en Europa
El cardiólogo Michiel Winter, del Amsterdam UMC, ha resumido el alcance de estos hallazgos destacando que el uso de relojes inteligentes con funciones PPG y ECG ayuda a diagnosticar arritmias en personas que no eran conscientes de padecerlas, lo que permite acelerar el proceso diagnóstico y, en teoría, reducir el riesgo de ictus asociado.
Una vez se confirma una fibrilación auricular, una de las principales estrategias de prevención es la prescripción de anticoagulantes en los pacientes que lo necesitan, con el objetivo de disminuir la formación de coágulos peligrosos. Aun así, diferentes trabajos internacionales apuntan a que hasta el 50 % de quienes deberían estar anticoagulados no lo están, ya sea por falta de diagnóstico o por otras razones.
Si se consigue identificar a más pacientes —incluidos muchos asintomáticos— en fases relativamente tempranas, los profesionales tienen la posibilidad de iniciar antes estas terapias preventivas y, con ello, reducir la incidencia de ictus vinculados a la fibrilación auricular. El beneficio no sería solo clínico, sino también económico, al evitar hospitalizaciones prolongadas, secuelas incapacitantes y necesidades de rehabilitación costosa.
Según los cálculos del equipo de Ámsterdam, en grupos muy seleccionados de alto riesgo como los incluidos en el ensayo, la reducción de complicaciones podría compensar el coste inicial del dispositivo. Este enfoque resulta especialmente relevante para sistemas públicos como el español, en los que cualquier inversión debe justificarse por su impacto en salud y en sostenibilidad.
Todo ello abre la puerta a que, en el futuro, algunos países europeos valoren integrar relojes inteligentes en programas de cribado selectivo de mayores con alto riesgo vascular, siempre que se definan bien los criterios de inclusión, los protocolos de actuación ante alertas y la coordinación entre atención primaria, cardiología y unidades de ictus.
Qué implica para usuarios en España y para otros sistemas europeos
Para la población general, y especialmente para quienes ya utilizan un Apple Watch, el mensaje principal es que el reloj puede ser un aliado útil para vigilar el corazón, pero no sustituye en ningún caso a la valoración profesional ni a las revisiones periódicas que recomiende el médico.
Si el dispositivo emite de forma repetida avisos de ritmo irregular o muestra registros llamativos en la app de ECG, lo razonable es consultar con el sistema sanitario para una evaluación completa, en lugar de quedarse solo con la interpretación del propio reloj, por muy sofisticados que sean los algoritmos.
Al mismo tiempo, conviene no caer en el extremo opuesto: un registro aparentemente normal en la muñeca no garantiza al 100 % la ausencia de problemas cardiacos. Si se notan palpitaciones intensas, mareos, dificultad para respirar, dolor torácico o episodios de desvanecimiento, la recomendación sigue siendo acudir a un profesional, independientemente de lo que muestre la pantalla.
Las sociedades científicas europeas subrayan que estos dispositivos deben entenderse como complementos dentro de una estrategia de prevención cardiovascular, no como sustitutos de los métodos diagnósticos habituales. Su utilidad será mayor cuanto mejor se integren en circuitos bien organizados y cuanto más clara sea la información que reciban tanto médicos como pacientes.
En conjunto, la evidencia aportada por el ensayo del Amsterdam UMC y por otros trabajos revisados por pares refuerza la idea de que el Apple Watch y relojes inteligentes similares pueden desempeñar un papel relevante en la detección precoz de fibrilación auricular y en la prevención de ictus, especialmente en personas mayores y con factores de riesgo vascular. Cómo se plasmará esto en guías clínicas y en la práctica diaria en España y en el resto de Europa dependerá de decisiones organizativas y presupuestarias, pero todo apunta a que la muñeca seguirá ganando peso como punto estratégico para vigilar la salud del corazón.
