- Apple Intelligence no alcanza los estándares previstos y agrava la percepción de fracaso en la apuesta de Apple por la IA.
- Cuatro altos directivos abandonan la compañía tras el tropiezo del proyecto, en una rotación poco habitual para Apple.
- La compañía sufre una caída anual del 13% en bolsa y pierde terreno frente a gigantes como Microsoft y Nvidia.
- Se intensifica la fuga de talento hacia empresas rivales y Apple acelera la reestructuración de su estrategia de inteligencia artificial.
Apple vive uno de sus momentos más tensos en torno a la inteligencia artificial desde que inició su gran giro hacia este ámbito. Lo que debía ser el gran impulso de su ecosistema digital ha acabado poniendo en duda su capacidad para seguir el ritmo de los líderes del sector.
El proyecto Apple Intelligence, presentado como la pieza clave para transformar Siri y situar a la compañía en la primera línea de la IA generativa, ha terminado rodeado de críticas, problemas técnicos y una sacudida interna que incluye la salida de cuatro altos directivos y una caída anual del 13% en bolsa.
Apple Intelligence: la promesa que se torció por el camino
Apple Intelligence fue anunciada como la base de una nueva era para los dispositivos de la marca, con la idea de integrar funciones avanzadas de IA generativa en iPhone, iPad y Mac. La expectativa era alta, sobre todo en Europa y España, donde muchos usuarios esperaban que Siri diera por fin un salto de calidad frente a asistentes rivales.
Sin embargo, las pruebas internas de iOS 18.4 encendieron las alarmas. El responsable de software, Craig Federighi, comprobó en su propio terminal que varias de las herramientas estrella no alcanzaban el nivel de fiabilidad que Apple acostumbra a exigir a sus lanzamientos más importantes.
Ese desencanto técnico se trasladó pronto al público. En lugar de notar una mejora clara, muchos usuarios detectaron un comportamiento más errático de Siri, con respuestas imprecisas y fallos en las nuevas funciones basadas en IA. Para una marca que ha construido su imagen sobre la experiencia pulida y sin sobresaltos, el contraste fue evidente.
A partir de ahí llegó la parte jurídica. Diferentes colectivos impulsaron demandas por posible publicidad engañosa, al considerar que las capacidades reales de Apple Intelligence quedaban lejos de lo anunciado en campañas y presentaciones. Incluso la BBC elevó una queja tras encontrar errores de bulto en resúmenes automáticos generados por la plataforma.
En el ámbito mediático y analítico, el golpe de reputación también fue notable. Voces como la del analista Arun Maini señalaron que Apple Intelligence tiene ya “un lugar asegurado” entre los tropiezos más sonados de la compañía, una afirmación que resume el malestar generalizado en torno al proyecto.

Impacto en los mercados y pérdida de peso frente a otros gigantes
El traspié de Apple Intelligence no se ha quedado en lo tecnológico. En los mercados financieros, la reacción ha sido clara: en un año en el que el sector tecnológico en general seguía al alza, Apple cerró el ejercicio con una caída aproximada del 13% en sus acciones.
Mientras tanto, competidores como Nvidia y Microsoft aprovecharon el impulso de la inteligencia artificial para reforzar su posición, hasta el punto de superar a Apple en capitalización bursátil. Un escenario llamativo si se tiene en cuenta el histórico dominio de la firma de Cupertino en este terreno.
La situación se agravó con la celebración de la WWDC 2025, la conferencia anual para desarrolladores. Lejos de calmar las aguas, la presentación fue percibida como corta de ambición en lo que respecta a IA, sin anuncios que compensaran las dudas ya generadas por Apple Intelligence.
La respuesta de los inversores no se hizo esperar: tras el evento, las acciones sufrieron un nuevo descenso cercano al 5%, alimentando la sensación de que Apple estaba perdiendo liderazgo en la carrera por la inteligencia artificial, también a ojos de los mercados europeos.
Cuatro directivos clave salen de Apple en plena tormenta
En paralelo al ruido externo, la compañía afronta un movimiento interno poco habitual: la marcha casi encadenada de cuatro directivos de primer nivel, todos ellos con influencia directa en áreas sensibles para el futuro de Apple.
El primero en abandonar fue John Giannandrea, responsable máximo de los proyectos de inteligencia artificial desde 2018. Su figura estaba ligada a la estrategia que debía situar a Apple a la altura de sus rivales en IA generativa, pero los reiterados tropiezos del proyecto acabaron erosionando la confianza de la cúpula, incluido Tim Cook.
El área de diseño tampoco ha salido indemne. Alan Dye, encargado del diseño de interfaces durante una década, decidió marcharse a Meta. Bajo su mando nació el polémico estilo visual “Liquid Glass” de iOS 26, muy discutido entre parte de la comunidad de usuarios avanzados. Su salida se vincula tanto a las críticas estéticas como a la sensación de que Apple se había quedado corta en la integración visual de las nuevas funciones de IA.
El tercer movimiento relevante es el de Lisa Jackson, vicepresidenta de medio ambiente y políticas sociales, que anunció su retirada para comienzos de 2026 tras diez años en la compañía. Aunque su marcha se produce en un contexto más cercano a la jubilación, coincide con un momento de especial sensibilidad en temas regulatorios y de sostenibilidad, también en la Unión Europea.
La cuarta salida destacada es la de Kate Adams, consejera general desde 2017. Ha confirmado su retirada para finales de 2026 y dejará el testigo a Jennifer Newstead, procedente de Meta, que asumirá la vicepresidencia sénior de Asuntos Legales y Gubernamentales a partir de marzo de 2026. Este relevo llega en plena etapa de tensiones regulatorias en torno a la IA y la competencia, con Bruselas siguiendo de cerca los movimientos del sector.
En una compañía conocida por mantener una cúpula relativamente estable, esta rotación concentrada de perfiles de alto rango refuerza la percepción de que Apple atraviesa una fase de reordenación profunda, impulsada en parte por el tropiezo de Apple Intelligence.
Fuga de talento, reorganización interna y búsqueda de rumbo
Más allá de estos cuatro nombres, la situación ha destapado un problema estructural: la pérdida continuada de talento especializado en inteligencia artificial y áreas relacionadas. Varios ingenieros clave han optado por dar el salto a competidores directos.
Profesionales como Ruoming Pang, Tom Gunter y Frank Chu han recalado en Meta, atraídos por paquetes retributivos más agresivos y por la sensación de estar en el centro del desarrollo de la IA generativa. A ellos se suma Jian Zhang, que lideraba un equipo de robótica con IA y que también ha abandonado Apple.
OpenAI, uno de los actores más influyentes del momento, ha captado igualmente perfiles vinculados al diseño de hardware y a la integración entre chips e inteligencia artificial, un campo en el que Apple había intentado marcar diferencias con sus procesadores propios.
En paralelo, figuras históricas como Jeff Williams o Luca Maestri han iniciado procesos de retirada o de transición hacia roles de menor exposición pública, lo que alimenta aún más la percepción de cambio de ciclo en la estructura de mando de la compañía.
Ante este escenario, Apple ha activado un plan específico de refuerzo de contratación y retención, con instrucciones directas al departamento de recursos humanos para mejorar las condiciones de los perfiles más críticos y atraer nuevos talentos en IA, tanto en Estados Unidos como en Europa. La intención es frenar la fuga de especialistas y recomponer los equipos afectados por las salidas recientes.
Un punto de inflexión para la estrategia de IA de Apple
El balance del año deja claro que el tropiezo de Apple Intelligence ha sido algo más que un mal lanzamiento. Ha actuado como catalizador de tensiones internas, dudas externas e inestabilidad bursátil, obligando a la compañía a revisar su hoja de ruta en inteligencia artificial.
Para el mercado europeo, donde la regulación sobre datos y algoritmos es cada vez más estricta, Apple se ve forzada a encontrar un equilibrio entre su tradicional énfasis en la privacidad y la necesidad de competir en capacidades de IA con rivales que se mueven con mayor rapidez.
Los próximos años serán decisivos para comprobar si la empresa es capaz de reconducir Apple Intelligence hacia una versión más madura y fiable, capaz de recuperar la confianza de usuarios, desarrolladores e inversores, también en España y el resto de la UE.
Todo apunta a que la compañía se encuentra en una fase de transición compleja, en la que deberá demostrar que puede redefinir su apuesta por la inteligencia artificial sin perder los rasgos que históricamente la han diferenciado, al tiempo que gestiona la salida de directivos clave, la presión competitiva y la vigilancia constante de reguladores y mercados.
