- Apple ha retirado el Mac Pro de su web y canales oficiales y confirma que no habrá nuevos modelos.
- El Mac Studio asume el rol de sobremesa profesional dentro del catálogo Mac con chips Apple Silicon.
- Se pone fin a casi dos décadas de una torre ampliable que fue referencia para creativos y estudios profesionales.
- La gama Mac queda más simple y segmentada entre iMac, Mac mini, Mac Studio y los distintos MacBook.

Apple ha decidido retirar definitivamente el Mac Pro de su catálogo, poniendo punto y final a uno de los sobremesa más representativos de su historia reciente. La torre profesional ha desaparecido de la tienda online de la compañía: cualquier intento de acceder a su página de compra redirige ahora a la sección general de Mac, sin posibilidad de configurar o adquirir el equipo.
La compañía ha confirmado a medios especializados como 9to5Mac que no existen planes para desarrollar nuevo hardware dentro de la línea Mac Pro. Esto significa que no solo cesa la venta del último modelo, sino que se da por cerrada una familia de productos que, durante casi veinte años, fue el emblema de Apple para estudios de vídeo, audio, diseño y otros ámbitos profesionales que necesitaban potencia sostenida y margen de ampliación interna.
Apple confirma el adiós definitivo al Mac Pro
Según la información compartida por Apple a diversos medios y filtradores habituales del entorno de Cupertino, la descatalogación del Mac Pro es total y sin sustituto directo a la vista. El ordenador ya no figura en la tienda oficial y la propia empresa ha trasladado que no trabaja en nuevas iteraciones de esta torre para el futuro.
Periodistas como Mark Gurman, de Bloomberg, ya habían avanzado meses atrás que no había en marcha un proyecto de renovación de la gama. Aquellos rumores se han materializado ahora en hechos: el equipo se ha retirado de la web y la compañía cierra la puerta a una nueva generación, incluso en el contexto actual de Apple Silicon.
El último modelo de Mac Pro basado en chips propios de Apple se actualizó en junio de 2023 con el M2 Ultra como procesador de referencia, manteniendo el mismo chasis de 2019. Desde entonces no ha recibido más revisiones técnicas ni bajadas de precio, algo llamativo si se tiene en cuenta que el resto de la gama sí ha ido adoptando los chips más recientes.
Mientras tanto, el Mac Studio fue avanzando posiciones en el catálogo profesional. La llegada del chip M3 Ultra al Mac Studio dejó al Mac Pro en una situación incómoda: mismo enfoque para usuarios exigentes, pero con un sobremesa más compacto, moderno y relativamente más asequible que la clásica torre.
El peso del segmento profesional recae en el Mac Studio
Con la desaparición de la torre, Apple reordena su oferta de sobremesa alrededor de tres modelos: iMac, Mac mini y Mac Studio. De ellos, el Mac Studio pasa a ser de facto la opción de referencia para quienes necesitan altas prestaciones en un formato de escritorio.
En sus configuraciones más ambiciosas, el Mac Studio puede ofrecer CPU de hasta 32 núcleos, GPU de 80 núcleos, 256 GB de memoria unificada y almacenamiento SSD de gran capacidad. Sobre el papel, cubre el terreno que tradicionalmente ocupaba el Mac Pro, pero en un chasis significativamente más pequeño y con una filosofía centrada en la integración de componentes, no en la ampliación interna.
Esta estrategia encaja con la transición que Apple ha hecho hacia Apple Silicon y la memoria unificada, donde el procesador integra CPU, GPU y RAM en un único sistema. Esa arquitectura ofrece ventajas en eficiencia y rendimiento, pero limita la posibilidad de que el usuario añada más memoria o cambie la tarjeta gráfica, como sí ocurría en las generaciones clásicas del Mac Pro.
En la práctica, Apple está indicando a los estudios y profesionales europeos que el camino oficial para seguir en el ecosistema Mac pasa ahora por el Mac Studio, acompañado de monitores como el Studio Display o, en entornos más exigentes, opciones de terceros. La torre modular con bahías y ranuras PCIe deja paso a un concepto más cerrado, que obliga a elegir muy bien la configuración inicial.
Una gama Mac más simple y segmentada
La retirada del Mac Pro también tiene un efecto inmediato en la lectura del catálogo para el público general y profesional. La línea de sobremesa queda estructurada en tres peldaños claros: el iMac de 24 pulgadas, el Mac mini y el Mac Studio, todos ellos basados en chips M-Series.
Por encima, en movilidad, Apple apuesta por un escalón de entrada con el MacBook Neo como opción más económica, seguido por el MacBook Air como término medio y el MacBook Pro como referencia en portátiles de alto rendimiento. Esta reorganización deja una gama de Mac con menos solapamientos y con saltos de precio y prestaciones más comprensibles para el usuario que se plantea comprar por primera vez un ordenador de la marca.
Durante años, la presencia simultánea de Mac Pro y Mac Studio generó cierta confusión, especialmente entre quienes no necesitaban a toda costa la expansión interna. La torre más cara asustaba por precio a muchos potenciales compradores en Europa, mientras que el Mac Studio ofrecía cifras de rendimiento similares sin llegar a los niveles de inversión del Pro.
Con el Mac Pro fuera de escena, Apple refuerza la sensación de que su catálogo de sobremesa se ha «limpiado» de duplicidades. Quien requiera un sobremesa muy potente tiene hoy un único camino claro dentro de la marca: el Mac Studio. A partir de ahí, el resto de la gama juega a cubrir distintos niveles de presupuesto y movilidad, pero sin esa torre tradicional que durante años representó el techo máximo del ecosistema Mac.
Casi veinte años de Mac Pro: de la torre clásica al fin de la expansión
El Mac Pro debutó en 2006 como sustituto de gama alta del Power Mac G5, coincidiendo con la transición de Apple a procesadores Intel. Desde el principio se concibió como un sobremesa para profesionales que necesitaban potencia sostenida, opciones de ampliación y la posibilidad de adaptar la máquina a medida que crecían los proyectos.
Sus primeros años, especialmente con las generaciones conocidas como 4.1 y 5.1, reforzaron esa imagen. La torre ofrecía ranuras PCIe, bahías para discos adicionales y grandes márgenes de actualización, algo que en sectores como la edición de vídeo, el audio profesional o el 3D se valoraba enormemente. Muchos estudios en España y el resto de Europa se apoyaron durante años en estos equipos como columna vertebral de sus flujos de trabajo.
El punto de inflexión llegó en 2013, cuando Apple apostó por un rediseño radical con el Mac Pro cilíndrico. Aquel diseño, que Phil Schiller presentó con una frase tan recordada como polémica, abandonó la torre clásica para abrazar un formato mucho más compacto, articulado en torno a un núcleo térmico central. La apuesta, sin embargo, sacrificó la expansión interna al eliminar las ranuras PCIe accesibles al usuario.
Esa generación, apodada pronto «el bote de basura» por la comunidad, terminó simbolizando un desacierto en la estrategia profesional. La falta de margen para actualizar gráficas y otros componentes críticos provocó que muchos usuarios se quedaran anclados a configuraciones que envejecían rápido, sin poder seguir el ritmo de las nuevas exigencias de software.
Tras años de críticas, Apple dio marcha atrás y lanzó en 2019 un nuevo Mac Pro con un chasis metálico de tipo torre y un frontal de rejilla muy característico. Aquel modelo recuperó la filosofía modular, con múltiples ranuras PCIe, capacidad para grandes cantidades de RAM y configuraciones pensadas para estudios que necesitaban, literalmente, una estación de trabajo a medida.
Apple Silicon desdibuja el sentido de la torre
El giro definitivo llegó con la adopción de Apple Silicon como base de toda la gama Mac. La nueva arquitectura ARM con memoria unificada y componentes muy integrados reducía al mínimo la posibilidad de añadir o remplazar piezas clave una vez comprado el equipo. En ese contexto, el concepto de una torre ampliable como el Mac Pro empezó a perder terreno.
Cuando Apple decidió actualizar el Mac Pro al chip M2 Ultra en 2023, manteniendo el mismo chasis de 2019, muchos analistas señalaron el desajuste entre tamaño y filosofía. Por dentro, buena parte del espacio de aquella torre quedaba infrautilizado en comparación con los antiguos modelos Intel, mientras que el potencial de ampliación se veía limitado por la propia naturaleza del sistema en chip.
En paralelo, el Mac Studio fue ganando peso como alternativa compacta orientada igualmente al usuario profesional. En los últimos años, el mercado fue desplazando la demanda hacia este sobremesa más pequeño, que ofrecía prestaciones de muy alto nivel sin la complejidad de una torre tradicional. Para muchos estudios, la combinación de Mac Studio con discos externos rápidos y soluciones de red avanzadas resultó suficiente para cubrir sus necesidades.
Al final, la coexistencia de ambos productos dejó al Mac Pro en tierra de nadie: más caro y voluminoso que el Mac Studio, pero sin la ventaja histórica de una verdadera modularidad interna al estilo de los primeros modelos. Ante ese panorama, la decisión de cerrar la línea parece responder más a una evolución tecnológica y de catálogo que a un fracaso puntual de ventas.
Qué supone para los usuarios profesionales en España y Europa
Para los profesionales europeos que seguían confiando en el Mac Pro, la noticia implica replantear a medio plazo sus infraestructuras de trabajo. Quienes ya disponen de una torre reciente podrán seguir utilizándola con normalidad mientras Apple mantenga el soporte de macOS y repuestos, pero el horizonte de renovación interna se estrecha.
En estudios de postproducción, productoras audiovisuales, agencias creativas o salas de grabación en España, el movimiento de Apple obligará a valorar si migrar parte de la carga a Mac Studio, diversificar con varias máquinas conectadas entre sí o, en algunos casos, examinar alternativas de otras plataformas más abiertas a la expansión clásica.
La propia Apple ha introducido en macOS Tahoe funciones como el uso de RDMA con Thunderbolt 5 para enlazar varios Mac, una opción que, en teoría, permite sumar potencia distribuida conectando diferentes equipos. Esa vía, no obstante, implica nuevas inversiones y un enfoque distinto al de concentrar todo el rendimiento en una única torre.
Desde el punto de vista de la gama, la compañía parece cómoda apostando por equipos cerrados pero muy potentes, con el Mac Studio como solución estrella de sobremesa profesional y los MacBook Pro como referencia en movilidad de alto rendimiento. El rol simbólico que durante años tuvo el Mac Pro como demostración extrema de músculo técnico queda ahora repartido entre esos modelos.
Con la retirada del Mac Pro, Apple clausura una etapa en la que su torre profesional fue sinónimo de potencia, ampliación y prestigio dentro del mundo creativo, y la reemplaza por un catálogo más compacto, centrado en el Mac Studio y en la integración total de Apple Silicon; a partir de ahora, los usuarios que buscaban ese «tope de gama» deberán decidir si se adaptan a esta nueva forma de entender el Mac profesional o buscan esa flexibilidad perdida en otras plataformas.

