Apple comienza a pagar los 95 millones de la demanda por las escuchas de Siri

Última actualización: 30 de enero de 2026
Autor: Isaac
  • Apple activa el pago del acuerdo de 95 millones de dólares por las escuchas indebidas de Siri
  • Los usuarios reciben entre 8 y 40 dólares según el número de dispositivos registrados
  • El caso destapó grabaciones de conversaciones privadas por activaciones accidentales del asistente
  • Apple cambia sus políticas de audio: más control del usuario y fin de ciertos trabajos de contratistas

Acuerdo por privacidad de Siri

Los primeros usuarios afectados por el caso de las escuchas indebidas de Siri ya están viendo reflejado en sus cuentas el dinero del acuerdo que Apple cerró para zanjar la demanda colectiva en Estados Unidos. Tras varios años de tira y afloja judicial, la compañía ha comenzado finalmente a desembolsar parte de los 95 millones de dólares comprometidos para compensar las grabaciones de conversaciones privadas realizadas por su asistente de voz.

Este proceso legal se remonta a 2019, cuando una demanda colectiva acusó a Apple de llevar a cabo una “grabación no autorizada y deliberada” de conversaciones a través de Siri. Aunque la empresa de Cupertino ha mantenido en todo momento que no vulneró la privacidad de sus clientes, terminó optando por un acuerdo económico para evitar un litigio largo, caro y con riesgo reputacional en plena batalla global por la protección de datos.

Cómo nació la polémica por las escuchas de Siri

El escándalo estalló después de que el diario británico The Guardian revelara que contratistas externos escuchaban fragmentos de grabaciones de Siri para valorar su precisión y mejorar el sistema. Apple defendió entonces que se trataba de un proceso de “puntuación” de calidad y que solo afectaba a menos del 1% de las interacciones con el asistente, pero el problema no era solo la cantidad de audios implicados.

Con el tiempo se supo que Siri se activaba con bastante frecuencia de forma accidental, sin que el usuario pulsara ningún botón ni dijera el clásico “Oye Siri”. Esas activaciones erróneas provocaban que el dispositivo comenzara a grabar en segundo plano, captando conversaciones que en ningún caso estaban destinadas al asistente virtual.

En la práctica, eso significaba que información muy sensible y privada —comentarios sobre salud, relaciones personales, trabajo o finanzas— podía terminar siendo escuchada por empleados de empresas externas contratadas por Apple. Ese fue el detonante de la ola de quejas de usuarios y, poco después, del proceso judicial que ha desembocado en el acuerdo millonario.

La demanda presentada en 2019 sostenía que Apple había permitido un seguimiento encubierto de los usuarios a través de Siri, ya que muchos de ellos nunca dieron su consentimiento explícito para que fragmentos de sus conversaciones fueran capturados y revisados por terceros. Aunque la compañía insistió en que las grabaciones no estaban asociadas al Apple ID ni se usaban para mostrar anuncios personalizados, la preocupación por la privacidad ya se había disparado.

Quién puede cobrar y cuánto dinero se está pagando

Uno de los puntos que más interés ha despertado entre los usuarios es el de la cuantía real de las compensaciones. Sobre el papel, el fondo global del acuerdo asciende a 95 millones de dólares, pero la cantidad que recibe cada persona es mucho más modesta de lo que se especuló al principio.

Según los primeros pagos que ya se han hecho efectivos, cada dispositivo elegible está recibiendo en torno a 8,02 dólares, una cifra bastante inferior a los aproximadamente 20 dólares que se barajaban inicialmente como referencia. El importe concreto depende del número total de reclamaciones admitidas y de cómo se reparte el fondo una vez descontados honorarios legales y costes administrativos del proceso.

Los beneficiarios son quienes compraron un dispositivo Apple con soporte para Siri entre el 17 de septiembre de 2014 y finales de 2024 y experimentaron al menos una activación involuntaria del asistente durante una conversación privada. La condición clave era residir en Estados Unidos en ese periodo y haber presentado en su momento la solicitud para unirse a la demanda colectiva.

Cada persona ha podido incluir hasta cinco dispositivos distintos que cumplieran los requisitos, lo que se traduce en un máximo aproximado de 40,10 dólares por afectado. En la práctica, la mayoría de usuarios que han informado de los pagos está recibiendo cantidades en el rango de entre 8 y 40 dólares, dependiendo del número de equipos reclamados. No es una suma elevada, pero sí supone un reconocimiento económico a la intromisión sufrida.

Para quienes viven fuera de Estados Unidos, como la mayoría de usuarios en España y en el resto de Europa, no hay compensación directa en este acuerdo. Aunque las activaciones accidentales de Siri también se producen en dispositivos vendidos en estos mercados, el caso judicial y el reparto de fondos se han limitado a personas residentes en territorio estadounidense que se sumaron formalmente a la demanda.

La postura oficial de Apple y los cambios en sus políticas

Apple ha repetido en varias ocasiones que no admite haber cometido ninguna irregularidad en este caso. La compañía sostiene que las grabaciones de voz utilizadas para mejorar Siri nunca se vincularon a los identificadores personales de los usuarios, ni al Apple ID, ni a datos como nombres, direcciones o información de pago, y que en ningún momento se emplearon con fines de publicidad dirigida.

Aun así, a raíz del escándalo y de la presión pública y judicial, Apple introdujo cambios importantes en su política de tratamiento de audio. El más relevante es que ahora requiere que el usuario otorgue permiso de forma expresa —un sistema de opt-in— antes de que se puedan conservar y analizar fragmentos de sus interacciones de voz con Siri para mejorar el servicio.

Además, la empresa anunció el fin de la subcontratación de parte del análisis de grabaciones a empresas externas. Es decir, las tareas de revisión manual de clips de audio, cuando se realizan, dejan de estar en manos de contratistas y pasan a hacerse dentro de la propia compañía, con controles internos más estrictos, según la versión oficial de Apple.

La firma también ha reforzado los controles de privacidad y las explicaciones dentro de sus ajustes de iOS, iPadOS y el resto de sistemas. Ahora, las secciones dedicadas a Siri y al dictado explican con mayor claridad qué se guarda, durante cuánto tiempo y en qué condiciones el usuario puede desactivar por completo el almacenamiento de audio o borrar el historial de interacciones.

Para Apple, que suele presentarse como un actor más respetuoso con la privacidad que otros gigantes tecnológicos, este caso ha supuesto un toque de atención adicional. Aunque la compañía ha insistido en que el diseño de Siri prioriza la protección de datos y el procesamiento local en el dispositivo siempre que es posible, la práctica de enviar clips de voz a revisión humana ha demostrado que incluso los sistemas más cuidados pueden generar fricciones serias con las expectativas de los usuarios.

Un caso que se enmarca en una batalla más amplia por la privacidad

Lo ocurrido con Siri no es un episodio aislado, sino parte de una tendencia más amplia de litigios y controversias en torno a asistentes de voz y dispositivos conectados. En los últimos años, Google y otras grandes tecnológicas han tenido que afrontar también demandas por el funcionamiento de sus sistemas de escucha y por el uso de los datos recopilados.

De hecho, el propio acuerdo de Apple se menciona ya como referencia en otros procesos judiciales. En casos recientes en Estados Unidos, la compensación pagada por la compañía de Cupertino —con importes finales de entre 8 y 40 dólares por usuario— sirve como ejemplo para estimar posibles pagos en demandas similares contra otros proveedores de asistentes digitales.

Desde Europa se observa con atención cómo estos acuerdos van marcando líneas rojas en materia de privacidad que pueden influir también en la interpretación del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) y en las decisiones de las autoridades supervisoras. Aunque el caso de Siri se ha desarrollado en tribunales estadounidenses, las prácticas que se han analizado afectan a productos vendidos globalmente, incluidos los que se comercializan en España.

Para los usuarios europeos, el impacto más visible no llega tanto en forma de compensación económica directa como en la adaptación de las políticas de privacidad y los ajustes de los dispositivos. Los cambios que Apple introduce a nivel mundial en la configuración de Siri —como el opt-in para el uso de audios con fines de mejora— acaban repercutiendo también en quienes utilizan iPhone, iPad o Mac en la Unión Europea.

El debate público sobre qué pueden hacer exactamente los asistentes de voz cuando no creemos estar hablándoles seguirá muy presente. Entre las dudas de muchos usuarios está si estos productos son capaces de escuchar constantemente, qué se hace con esos fragmentos de audio y quién tiene acceso a ellos. Este tipo de demandas y acuerdos está obligando a las compañías a explicar con más detalle lo que hasta ahora se comunicaba de forma bastante genérica en las políticas de privacidad.

Qué significa para los usuarios de España y Europa

Aunque el reparto de los 95 millones de dólares afecta exclusivamente a quienes residen en Estados Unidos y se apuntaron al proceso, la polémica por las escuchas de Siri ha tenido eco en todo el mundo, incluida España. La mayoría de los usuarios de iPhone, iPad o Apple Watch en nuestro país no verán un solo euro de este acuerdo, pero sí pueden notar diferencias en cómo se gestionan sus datos de voz a partir de ahora.

Los cambios introducidos por Apple obligan, por ejemplo, a aceptar explícitamente que se utilicen grabaciones de voz para mejorar Siri. Eso permite a los usuarios europeos mantener desactivada esa opción si prefieren que su audio no salga del dispositivo más allá de lo imprescindible para responder a la petición en tiempo real. En términos de control, supone un paso adelante frente a la situación anterior, en la que muchos usuarios no eran plenamente conscientes de qué se estaba registrando.

En el contexto del RGPD, casos como el de Siri refuerzan la importancia del consentimiento informado y específico. Las autoridades de protección de datos europeas llevan años insistiendo en que no basta con esconderlo todo en textos extensos y poco claros: las empresas deben resumir de forma comprensible qué datos se recogen, con qué finalidad y durante cuánto tiempo, y ofrecer herramientas claras para aceptar o rechazar cada uso.

La experiencia de Apple también sirve de advertencia para el resto de fabricantes de asistentes de voz y dispositivos inteligentes que se comercializan en España, desde altavoces con micrófono integrado hasta televisores y cámaras conectadas. Cualquier sistema que pueda captar sonido del entorno tiene que justificar muy bien qué hace con esas grabaciones, sobre todo cuando el usuario no está activando de forma consciente la función de escucha.

En un momento en el que la digitalización avanza a gran velocidad, los consumidores en Europa están cada vez más atentos a posibles abusos de los gigantes tecnológicos. Escándalos como el de Siri contribuyen a que muchos se tomen con más calma la configuración de privacidad de sus dispositivos, revisen los permisos que dan a las aplicaciones y se planteen si realmente necesitan tener los asistentes de voz siempre activos.

Todo este caso sobre las escuchas a través de Siri deja varias lecciones: las activaciones accidentales no son una simple anécdota técnica, sino un riesgo real para la privacidad; los procesos de mejora basados en grabaciones humanas requieren mucha más transparencia; y los usuarios, tanto en Estados Unidos como en España y el resto de Europa, empiezan a tener cada vez más herramientas legales y regulatorias para exigir responsabilidades cuando la tecnología se cuela demasiado en su vida privada.